Vinilo: La moda continúa

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No fue flor de un día. La rehabilitación del vinilo como soporte musical de lujo se ha mantenido firme en el último lustro. Eso sí, la tendencia está dejando algunas paradojas curiosas. La apuesta por lo retro comparte cartel con las últimas tecnologías.  

27 mar 2016 . Actualizado a las 09:42 h.

A nadie se le escapa que el vinilo es el formato por excelencia para escuchar música, especialmente clásicos del rock y del pop. Los grandes discos de la historia fueron creados para ese formato: con sus dos caras, con su duración limitada y su gran carpeta. Cualquier adaptación al cedé o archivo digital lo desvirtúa. 

Luego está el sonido, y ahí no se pueden hacer afirmaciones tan tajantes: los especialistas difieren. Unos  señalan que lo digital supera a lo analógico en prestaciones. Prueba de ello es que los oídos más exquisitos, los de la música clásica, lo prefieren en su mayoría. Sin embargo, los defensores de los singles y elepés hablan de un sonido más espacioso, menos saturado y auténtico. Para sonar así fueron creados todos los álbumes hasta los ochenta. Y eso incluye la mayoría de las grandes obras maestras del rock.

Pero, por encima de todo, manda lo sentimental. Lo explicaba el especialista Álvaro Mirás, empleando el término  «audio emotivo». Es decir, esa sonoridad imperfecta que traslada al oyente al momento en el que se empezó a interesar a la música, entre crujidos, olor de vinilo, tacto y miradas a la carátula.

Además, influye la moda. El giradiscos se ha convertido en un complemento hipster, a situar junto a la bicicleta retro o las gafas de pasta. En los últimos años no hubo lista de bodas que no incluyera un Technics. Fotografiar cada adquisición vinílica y distribuirlas vía Instagram con los contactos forma parte ya del ritual moderno. Y hasta a nivel decorativo ya se venden marcos para decorar los hogares con portadas de elepés. Todo esto explica que, por ejemplo, en el 2014 se hubiera registrado un aumento 85,7% en las ventas de vinilo según Promusicae.

  Paradojas 

Esta búsqueda del sonido genuino y de la experiencia perfecta de escuchar música presenta, sin embargo, muchas paradojas en pleno 2016. Por ejemplo: ¿Tiene algún sentido invocar al viejo formato del long play para terminar escuchándolo a través de un reproductor de vinilos con láser? Pues esa es una de las ideas que pululan en el mundo de las tendencias. 

   Otra: ¿No es desnaturalizar la concepción original de un disco, escuchando en vinilo álbumes grabados con técnicas digitales en los noventa y pensados para ser editados en cedé, con su tamaño de portada y su minutaje?  Dicho de otro modo: ¿Tiene sentido desmenuzar en dos vinilos el The Suburbs de Arcade Fire sin llegar a llenar cada una de las caras? 

     Las (aparentes) contradicciones también se dan cuando los giradiscos ofrecen conexión USB y se anuncian con lemas del tipo «Ya puedes pasar tus vinilos a MP3». ¿Pero no está uno huyendo de eso precisamente? Son las paradojas de la retromodernidad en la que vivimos hoy en día.