Por favor, un automóvil a mi casa

Llega la era de los coches plenamente conectados. Y la de los atónomos, que no necesitan conductor y que podrían venir solos a nuestra casa


El mundo se prepara para vivir la cuarta gran revolución industrial, la del Internet de las Cosas. En los próximos años crecerán de forma exponencial los objetos capaces de enviar y recibir datos a la Red. La lista es casi infinita: neveras, lavadoras, tiradores de cerveza, gafas, ropa, casas... Y coches. En el Mobile World Congress que se celebró a finales de febrero en Barcelona los vehículos fueron grandes protagonistas. En las salas de exhibición de la feria los miles de visitantes pudieron admirar varios prototipos de automóviles conectados y autónomos, sin conductor. Y también pudieron asistir a una mesa redonda en la que participaron el piloto de Fórmula 1 Lewis Hamilton, uno de los jefes de su equipo, Paddy Lowe, y el presidente de Qualcomm. Es la tecnología de esta compañía estadounidense la que permite al equipo Mercedes extraer una cantidad «increíble» de información en tiempo real durante entrenamientos y carreras. Y es este tipo de tecnología la que permitirá, con el despliegue de las redes móviles 5G que cambie para siempre la forma de circular por las carreteras. 

Antes de que Hamilton subiera al estrado y bromeara sobre la posibilidad de que un coche autónomo le dejara «sin trabajo», otro foro había consagrado una predicción: el futuro de la automoción pasa por los vehículos eléctricos, conectados y autónomos. Y no eran unos cualquiera quiénes sostuvieron tamaña profecía, sino grandes ejecutivos de la industria, como Wilko Andreas Stark, vicepresidente de Daimler, y David Bunch, alto cargo de la petrolera Shell. Un día antes también había visitado la feria el CEO de Ford, Mark Fields. 

La compañía estadounidense tenía dos estands en el MWC, con un Kuga como reclamo y sus avances en conectividad como bandera. Y Fields dio una de las conferencias estrella de la feria. Ford sufrirá una gran transformación en los próximos años: pasará a ser una empresa de automóviles y de movilidad. Y es que la gran industria tiene claro que en la era de los coches sin conductor se venderán muchos menos vehículos. Según las previsiones de Shell, en un mundo completamente autónomo, habrá 200 millones de coches menos en las carreteras. La gente los compartirá. Y muchas empresas evolucionarán para prestar servicios parecidos a los que dan ahora compañías como Bla Bla Car o Uber,  pero sin conductor. 

¿Ventajas? La reducción de accidentes disminuirá de manera notable la siniestralidad. Y una caída drástica de las emisiones de CO2. El diagnóstico proviene de una petrolera. Tienen 43.000 gasolineras. No parecen sospechosos de desear este cambio. Pero tienen claro que llegará. Y están diversificando su negocio creando software para coches conectados. Estos ya están en camino. Pero la industria, que está invirtiendo cientos de millones, aún tiene que resolver algunos retos para que sean plenamente funcionales. El primero es la legalidad. ¿Quién tiene la culpa de un accidente de un coche sin conductor? Los otros son tecnológicos.

Lo dijo un experto en el MWC. Conectar un coche no es lo mismo que conectar un móvil. Tiene que ser compatible con cualquier red de cualquier punto del planeta. Y conviene tener en cuenta que los automóviles tienen ahora mismo un ciclo vital más amplio que la tecnología móvil. La industria aún debe resolver el desafío de que un coche con diez años de antigüedad pueda equipar, sin hacer obras de importancia, lo último en conectividad. Y necesita mapas de alta definición y las redes 5G, que empezarán a desplegarse a partir del 2020, para garantizar la conexión permanente imprescindible para que la legión de sensores y dispositivos que contendrán los vehículos puedan hacer tareas como detectar otros coches en tránsito, peatones cruzando y plazas libres de aparcamiento a  mucha distancia.

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