David revolucionó el cuatro latas

El propietario de David Audio Car, un taller ubicado en Taragoña (Rianxo), restauró un mítico R4 F que pasa de los treinta años y lo convirtió en discoteca; tiene 30.000 vatios de sonido y ha puesto música en grandes locales como Pachá Ibiza o Fabrik, en Madrid 

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David Silva es de esas personas que no dejan indiferente aunque uno solo mantenga unos minutos de conversación telefónica con él. Su carácter singular queda más patente cuando uno charla con él en su taller David Audio Car de Taragoña, un negocio que pasa casi desapercibido en la carretera vieja que va desde Padrón a Ribeira pero que, una vez dentro, es una factoría de sonido. David habla frente a un R4 F, un mítico cuatro latas en versión furgoneta que se ha convertido en una especie de hijo motorizado. No es un coche cualquiera. Tiene historia, presente y futuro. Vaya si la tiene. 

David Silva, junto con su hermano Ángel, llevan desde 1991 cocinando fórmulas y moviendo cables, para que los coches salgan de su taller «con aparatos que soen de dez», como señalan. En el 2010, una casualidad hizo que le acabasen dando una vuelta de tuerca al negocio. Un amigo de David le dijo que le había comprado un coche. Había encontrado al fin un R4 F en buen estado, un coche por el que David llevaba años suspirando para poder restaurarlo. Se lo vendió un relojero de Noia, que cobró 900 euros por el vehículo. Casi cuatro años después, el cuatro latas salía del taller reluciente y... ¡Convertido en una discoteca móvil!  Los hermanos Silva lo acondicionaron, respetando su aspecto original, pero en la parte trasera incluyeron un equipo de amplificadores y batería con 30.000 vatios de sonido. Lo primero que hicieron fue enseñárselo a su antiguo dueño. Se quedó impresionado. Y, a los pocos días, en el buzón de David alguien dejó un sobre con 900 euros. El relojero de Noia entendía que a unas personas que hicieran semejante labor con el coche no podía cobrarles un solo euro. 

Así empezó la segunda vida del R4 F de Silva. El cuatro latas empezó a ponerle música a noches de discotecas en distintas salas gallegas. La perfección de su sonido hizo que la voz se corriese pronto. Y el automóvil acabó entrando en locales tan conocidos como Pachá, en Ibiza, o Fabrik, en Madrid. A veces es Silva el que pone la música. 

En buena parte de las ocasiones lo hacen reconocidos pinchadiscos. Hay anécdotas para dar y tomar. «Nunha sala tiveron que cortar as uralitas do tellado para poder meter a furgoneta, foi incrible», dice David.

El R4 F reconvertido en discoteca tiene tanto tirón que este año ya lo tienen cerrado. «Levaremos o coche a Valencia, Barcelona ou San Sebastián», explica su dueño. Se guarda bien guardado lo que cobra a quienes le contratan. De lo que sí habla es de la próxima aventura. En menos de un mes, él y su hermano cruzarán el charco. Se marchan a Estados Unidos. Les han encargado reconvertir en discoteca un Ford Lincoln, un coche de tamaño considerable. «En América todo é ao grande», remacha David con sorna.

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