¿El amor engorda?

Mar Torres

EXTRAVOZ OK

Una vez que superamos los nervios iniciales y alcanzamos la zona de confort, una relación estable puede hacer que las mujeres pesen 10 kilos más y los hombres hasta 7,5. La curva de la felicidad, definitivamente, existe.

18 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Uno de los estudios que confirma la tesis que casi todos sospechábamos lo realizó el Centro Nacional de Biotecnología de la Información en Estados Unidos. Sarah Novak, una de sus autoras, lo explica de forma muy sencilla: «cuando la prioridad no es seducir al otro, porque ya lo tenemos, perdemos el interés en parecer atractivos». Y eso se traduce en kilos de más, lo que no tiene por qué ser negativo si tenemos en cuenta que la misma investigación confirmó que las parejas que reconocieron ser más felices fueron las que habían ganado más kilos.

 En España, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) realizó otro estudio que reveló que cuando se forma una pareja se pueden ganar hasta 4,5 kilogramos. Las conclusiones se obtuvieron tras estudiar una muestra de más de 2.300 mujeres de entre 31 y 40 años, en su mayoría casadas o en pareja, con hijos, estudios superiores y residentes en ámbitos urbanos.

Lo que contestan estas mujeres a la encuesta Enamorarse y su relación con la obesidad y el sobrepeso no deja lugar a dudas: las emociones dejan huella en nuestro cuerpo. El 81 % considera que el peso sufre variaciones en función del momento de la relación en el que se encuentre, y parece que las causas de la ganancia de peso tienen bastante que ver con la acomodación. Una buena prueba de ello es que, con los años y ese amor ya «en el bolsillo», el sobrepeso pierde importancia y en muchos casos no la vuelve a tener hasta que llega la separación, que es cuando un 66 % se plantea de nuevo adelgazar.

Cambio de hábitos

Lo que es indudable es que la ganancia o pérdida de peso no tiene que ver tanto con el amor como con el cambio de hábitos. Al principio de la relación, el 25,6 % de las encuestadas asegura comer menos compulsivamente frente el 50,7 %, que come más cuando finaliza, y en este caso además se prefiere el dulce al salado. También las emociones nos juegan mala pasada y nos invitan a aumentar el picoteo entre comidas: solo el 24,7 % de las que buscan pareja picotean, lo que se contrapone con el 47,5 % que lo hace más de lo habitual al romper.

Pero, además, dependiendo del momento en el que estemos sentimentalmente, hacemos más o menos deporte, y eso también influye sobre el resultado final, aunque en este caso las cifras están más igualadas. El 33 % asegura hacer más cuando busca pareja y el 35,8 % menos cuando esta se estabiliza.

La vida social también varía: el 61,2 % la hace más al buscar pareja frente al 40,3% que admite reducirla cuando está inmersa en una relación larga. El consumo de refrescos azucarados se mantiene igual en las primeras fases de la relación, pero aumenta cuando la relación se alarga, y también se producen variaciones con la ingesta de alcohol. Otra variable que se ve afectada por la situación sentimental son las horas de sueño. Se duerme menos de lo habitual cuando se está sin pareja y al finalizar la relación.

Los expertos recuerdan, además, que si uno de los dos miembros de la pareja tiene hábitos poco saludables puede terminar por contagiar al otro. Por eso, una de las principales recomendaciones de los nutricionistas es que la pareja busque momentos para practicar deporte juntos, y compensar de alguna manera la acumulación de kilos a lo largo de los años.