Dejad que los niños se ensucien un poco

El instinto protector lleva a muchos padres a extremar la higiene de sus hijos, a veces de forma exagerada, como esterilizar el chupete cada vez que los pequeños lo llevan a la boca. Es cierto que su sistema inmune aún es débil pero un poquito de suciedad no siempre hace daño

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Levantarían un muro para proteger a sus hijos de cualquier agresión externa, incluso de la más minúscula. Los aislarían de todo germen y microorganismo. Sin embargo, tal telón de acero no solo es imposible sino que puede resultar contraproducente. Desde hace unos años varios estudios han indagado en la conocida como «hipótesis de la higiene», por ahora todavía una teoría, formulada en 1989 por el doctor David Strachan. Aboga, entre otras cosas, por una infancia al aire libre. El quid está en la microbiota o flora intestinal. Las «bacterias buenas» ayudan a desarrollar una respuesta inmune adecuada. Aunque es cierto que, cuanto más pequeños, más inmaduro es el sistema de defensas, se estima que durante los dos o tres primeros años de vida un niño tiene una media de dos gastroenteritis, seis otitis y ocho catarros anuales, no pasa nada porque jueguen con caracoles, lombrices o ranas. «Evidentemente, ¡no les dejaremos tocar una avispa asiática!», exclama la pediatra del Chuac Leticia Vila Sexto.

 La doctora de la Unidad de Alergia e Inmunología Pediátrica del hospital reconoce que, a veces, la preocupación por mantener el ambiente límpido puede resultar desorbitada. «En general no están obsesionados con este tema -valora la pediatra- aunque quizás puede haber un exceso de higiene en la sociedad occidental, que se traduce en bañar a los niños a diario, esterilizar biberones y tetinas en lugar de lavarlos con agua y jabón, o no dejar que los bebés se ensucien mientras juegan». Luego, claro está, añade, hay que lavarlos.

Se estima que entre el 30 y el 4 0% de la población mundial está afectada por una o más enfermedades alérgicas. «En Europa -informa la doctora del Complejo Hospitalario de A Coruña- son la enfermedad más frecuente en niños». ¿Por qué aumenta esta incidencia? «Un grupo de trabajo australiano publicó un estudio en el Journal of Allergy and Clinical Immunology en el 2011. En él describe cómo los niños alérgicos tienen alterada su capacidad de respuesta inmunológica frente a determinados componentes bacterianos que son imprescindibles para la correcta maduración del sistema inmune.

La consecuencia es que el sistema inmunológico de los alérgicos se equivoca a la hora de juzgar agentes externos y reacciona de forma exagerada frente a ellos», detalla. Siguiendo este hilo, «hay estudios que nos indican que la exposición a una menor variedad de bacterias durante los primeros meses de vida condiciona la colonización bacteriana del intestino y se asocia a un mayor riesgo de enfermedades alérgicas», explica citando como referencia un artículo publicado en el 2015 en la Pediatric Clinics of North America.

Sentido común

Otro informe sueco concluyó que los niños cuyos padres limpian el chupete con su saliva tienen menos riesgos de presentar eczema. «En otra investigación europea encontraron que los niños procedentes de zonas rurales, con una mayor variedad de microbios en las granjas, presentaban una prevalencia significativamente menor de asma, rinitis y dermatitis atópica que los niños procedentes de zonas urbanas».

¡Ojo! Es importante no caer en las malinterpretaciones. «No cabe duda de que la higiene en nuestro ámbito social, así como la administración de vacunas y medidas como la potabilización del agua o el control de los gérmenes en los alimentos por parte de las industrias alimentarias, han tenido como resultado una disminución significativa de las infecciones y la mortalidad infantil por agentes patógenos. Por tanto, parece más que razonable continuar aplicándolas», subraya la médica del Chuac. «Hay una serie de prácticas recogidas en la revista Perspect Public Health en el 2016 -revela la sanitaria- para favorecer que contemos con una microbiota lo más saludable posible».

Mascota en casa

Leticia Vila Sexto enumera algunos ejemplos: «Tener una mascota en casa desde pequeños, nacer por vía vaginal y no mediante cesárea, el tener hermanos, el ser alimentados con lactancia materna, el hacer más vida en el exterior y menos en el interior de las viviendas, el recibir una dieta variada y rica en fibra así como el menor uso de antibióticos son circunstancias que se asocian a un menor riesgo de padecer asma bronquial, rinitis y dermatitis atópica», explica la pediatra del Chuac.

«El exceso de higiene, por tanto, no genera niños más débiles frente a infecciones, sino que puede influir de alguna manera, todavía por dilucidar completamente, en el desarrollo de otro tipo de enfermedades como son las alérgicas y las autoinmunes», revela esta especialista. Y es que la sobreprotección, como en todos los ámbitos de la vida, no es buena, pero siempre hay que ser cautos.

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