Las responsables de una campaña para que ningún niño se quede sin juguete destacan el récord de solidaridad que han logrado este año
03 ene 2016 . Actualizado a las 10:42 h.
El 5 de enero es un recuerdo de la infancia que debe estar ahí, sin embargo, muchos niños gallegos no saben lo que es tener Reyes. Las dificultades económicas y los dramas particulares no se desvanecen el 6 de enero, aunque la magia existe. Emma Martínez y Teresa Castro se han encargado de despertarla en la conciencia de cada vez más coruñeses. En el 2010 se pusieron como meta que ningún pequeño de su ciudad se quedara sin regalo. Este próximo miércoles por la mañana más de 500 niños se levantarán con una sorpresa, su sorpresa. Las misivas que les escribieron a las tres majestades de Oriente han sido recibidas y sus peticiones están en marcha. «Vimos que existía esta iniciativa en Madrid y quisimos imitarla aquí», cuenta Emma Martínez. Se refiere al programa Reyes Magos de Verdad. La idea surgió de un grupo de amigas de la capital que un día comenzaron a enviarles e-mails a sus contactos. Les pedían colaboración en la compra de juguetes para los menores que viven en centros públicos de acogida o que, aún estando con sus padres, se quedan sin regalo porque sus progenitores no se pueden permitir el lujo de asumir esos gastos. Su propuesta se expandió a más ciudades y la campaña corrió como la pólvora a través del whatsapp. La red cuenta ya con unas 30 intermediarias entre las que figuran las dos gallegas.
Estas Navidades han tenido un bum de inscripciones. También en la delegación coruñesa. «Nos llegaron más de 600 solicitudes, no de niños sino de adultos dispuestos a regalar. La demanda para ser un regalador fue tal que tuvimos que ampliar el número de centros a los que llegamos y, por primera vez, también vamos a repartir regalos a una residencia de mayores en Betanzos», explica Emma. Si hace cinco años arrancaron con las solicitudes de 105 niños este 2016 son medio millar. Empleada de una oficina inmobiliaria y de gestión de fincas, las historias de cientos de pequeños han irrumpido de golpe en su vida. «Los niños, a través de los centros o de entidades como Cáritas, nos hacen llegar sus cartas a los Reyes. Algunas son muy duras. Se te cae el alma a los pies cuando lees que la ilusión de uno es un pijama calentito. También es muy entrañable cuando otro escribe que quiere un cepillo de dientes eléctrico. Hay ocasiones en las que son los padres quienes las redactan. Piden cosas básicas, como ropa o accesorios para el colegio. Muchísimas cartas me han arrancado una lágrima. Este año, en uno de los centros de acogida, ¡lo que más nos han pedido son entradas de cine!», exclama Emma.
Así trabajan los reyes
La página www.reyesmagosdeverdad.org tiene un funcionamiento sencillo. Los aspirantes a convertirse en Rey o Reina se inscriben. Emma y Teresa vuelcan las cartas que reciben y las codifican. Es decir, tapan los nombres de los pequeños. Luego reenvían escaneadas cada una de las cartas a un regalador. Este se hace cargo de la petición asignada, compra el regalo y el próximo miércoles los pajes, es decir, ellas, los reparten. No solo a menores de la ciudad sino también de las localidades vecinas. Narón o Lugo son otros de los puntos donde se han emprendido iniciativas similares. También en Vigo, aquí bajo el nombre de Elfos y Calcetines. «A diferencia de otras campañas o de la donación de juguetes de segunda mano, aquí reciben lo que han pedido. No es una muñeca que ya está pasada de moda o una cazadora que no se lleva, no. Es lo que ellos escribieron, como hacen nuestros hijos. Ahí está el encanto», relata Teresa. «Cuando lo abren y lo ven no saben cómo agradecerlo», continúa. La mayoría de las veces dejan los paquetes en los centros y estos se encargan de repartirlos. Otras veces ellas realizan la propia entrega. «Sus caras de alegría no se te borran de la retina. Van al colegio y quieren tener lo mismo que sus compañeros. Muchos no conocen otra familia que la residencia donde viven y son los únicos Reyes que reciben. Tienen las necesidades básicas cubiertas, pero aquí notamos que además de ropa y alimento también reclaman cariño», cuenta Teresa. «No les solucionamos sus problemas con esto, pero vale la pena», continúa.
Con esta iniciativa la realidad más amarga, la que se produce al lado mismo de nuestras casas, se ha colado en su rutina: «Hay muchas vidas rotas. Familias desestructuradas, mujeres que viven en casas de acogida tras sufrir maltrato? ¡Hay niños de los que empezamos a recibir cartas cuando todavía estaban en la barriga de su madre!. Ahora tienen ya cuatro años. Sientes que casi los conoces sin ver nunca su rostro». De entre todas las cartas, Teresa recuerda especialmente una que abrió hace unos días. Su autor: un chico de 10 años. «¡Ocupaba tres folios! Nos contaba su vida con pelos y señales, lo que come, a qué hora se acuesta, lo que le gusta hacer, lo que hacen sus hermanos y hermanastros? de ahí interpretas que lo que pide es atención, estabilidad», apunta Teresa.
«Son conscientes de que no pueden pedir todo lo que desean, hay unos topes fijados. En principio no se deben superar los 40 euros. Entonces ellos te explican que quieren unas zapatillas azules de cierta marca pero que, como son muy caras, las hay de otra parecida de la competencia mucho más barata», puntualiza. Además de a menores, estas auténticas Reinas Magas también atienden las demandas de adultos con discapacidades físicas o psíquicas y de personas mayores. «Este día 6 iremos a una residencia donde hay unas 160 personas. Lo más gratificante es compartir con ellos el momento. Se agitan, lloran, te abrazan», cuenta Teresa. Los cinturones, los fulares o los pañuelos son aquí los productos estrella. «Con ayuda de sus cuidadores muchos ancianos se encargan de redactar sus propias cartas. A veces llevo a mis hijos, para que sean conscientes del mundo confortable y privilegiado en el que viven. Cuando llegamos, muchas veces nos reciben con una pequeña fiesta. Un año conseguimos que vinieran los Reyes del concello. Que los niños cogieran los regalos de las manos de Gaspar, Melchor y Baltasar fue increíble para ellos. Aunque algunos no tienen ya esa ilusión, ya son adolescentes, los emociona ver que alguien se acuerda de ellos. Que leen lo que han escrito. En el fondo nosotras no somos más que la representación de más de 500 voluntarios que se han molestado en adquirir esos regalos. Estas Navidades muchos se han quedado fuera porque ya no había más niños en los centros con los que colaboramos», recuerda Emma, rodeada de paquetes recubiertos de envoltorios navideños y de una abultada pila de cartas. La red solidaria ha crecido a una velocidad de relámpago pero las carencias por las que pasan miles de menores siguen siendo alarmantes. «A nosotras también nos han llegado cartas. De los padres de los pequeños que nos dicen gracias por regalarle a sus hijos juguetes o ropa que llevaban mucho tiempo esperando, pero también de los propios colaboradores. Agradecen que se les dé la oportunidad de participar en programas así», resalta Emma.