Ataque a la cuna de la civilización

El expolio de yacimientos y la destrucción de monumentos por parte del Estado Islámico están borrando las pistas para reconstruir la historia. Siria es uno de los países más afectados.

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La antigua Mesopotamia, el territorio que ahora ocupan Siria e Irak, es el paraíso de los arqueólogos. Hasta el 2011, cuando estalló la revuelta popular contra la dictadura de la familia Al Asad, trabajaban en Siria unos 200 equipos de todo el mundo. El de Juan Luis Montero Fenollós, profesor de Historia Antigua de la Universidade da Coruña (UDC), era uno de ellos. Trabajaba en la provincia de Der ez-Zor y ahora continúa haciéndolo desde Galicia en el Proyecto Arqueológico Medio Eufrates Sirio (PAMES). Con la información que le aportan sus contactos en la zona, describe con dolor las consecuencias de los continuos ataques a la cuna de la civilización. Contabilizar todo lo que se ha perdido hasta ahora no es fácil por la «inabarcable riqueza arqueológica que hay en la zona» y porque la información que llega es «la que da el EI y la que recopilan quienes aún permanecen en la zona». 

Su equipo, igual que el resto de los que excavaban en tierras de la antigua Mesopotamia, tuvo que abandonar el país en el 2011. A partir de entonces el encargado de proteger el vasto patrimonio es el Ministerio de Cultura por medio de la Dirección General de Antigüedades y Museos. Solo ellos hablan de unos 758 yacimientos afectados por el expolio o la destrucción. Esa cantidad incluye centros museísticos, mezquitas...

Desde su despacho de la UDC, en Ferrol, este arqueólogo muestra unas fotos del Templo de Baal, en Palmira. Solo unos días antes el aparato propagandístico que emplea el EI para lanzar una desgarradora guerra mediática publicaba la noticia de la destrucción del principal templo de esa ciudad romana cuyo auge se mantuvo durante los siglos II y III d. C. «Pretenden provocar a Occidente y cercenar la cultura e identidad del pueblo sirio», explica ahora este experto. La destrucción de la ciudad donde reinó Zenobia es un capítulo más en la larga historia de devastación de las tierras que recorren los ríos Tigris o Éufrates, donde está el origen de nuestra civilización. Los restos de ciudades como Ebla, Apamea, Mari o Babilonia han sido objeto del expolio del patrimonio para la venta en el mercado negro.

Un expolio que ha acabado con ciudades clave como Mari y Ebla 

Las pérdidas son incalculables. Para los arqueólogos uno de los grandes atentados que ha sufrido la cuna de la civilización occidental es el expolio de la ciudad mesopotámica de Mari, donde Montero Fenollós realizó sus primeros trabajos sobre el terreno a finales de los años noventa. Fundada en el 2.900 a. C. la empezó a excavar en 1933 un equipo de arqueólogos franceses. Fueron ellos los que descubrieron que estaba diseñada en forma circular, tenía unos dos kilómetros de diámetro y controlaba todo el tráfico fluvial en la zona. 

Una de las grandes aportaciones de ese pueblo a la cultura occidental fue la invención del concepto de ciudad. Babilonia, ubicada dentro de las fronteras de la actual Irak, es la gran urbe del mundo antiguo. Pero además fueron autores de los primeros textos escritos descubiertos en la zona y datados en torno al 3.300 a. C.

La ciudad de Ebla, al sur de Alepo, es otro yacimiento que ha quedado totalmente asolado por el ataque de los expoliadores. En este caso, al contrario de Mari, tomada por el EI, se desconoce la identidad de los saqueadores, pero no fueron los hombres del Estado Islámico. Excavada por arqueólogos de Italia, la urbe data del 2.400 a. C. 

Otros ejemplos de monumentos de diferentes épocas destruidos o afcetados son la Gran Mezquita de Alepo (fechada en el VIII d. C.), el teatro romano de Bosra (II. d. C.); Crac de los Caballeros (castillo de los cruzados); la iglesia de San Elián (V d. C.); los 17 molinos de  las norias de Hama... 

Ya en territorio iraquí hay que lamentar la destrucción de Nínive, cerca de Mosul, o Kalhu, cuyo nombre árabe es Nimrud. Fueron capitales del imperio asirio. La primera albergó la biblioteca más antigua de la historia, creada por el rey Asurbanipal en el siglo VII a. C., quien hizo recopilar toda la literatura mesopotámica desde el poema de Gilgamesh hasta su época. Babilonia, ubicada junto al Eufrates tampoco se salvó del expolio. «Es la gran urbe emblemática de Mesopotamia y su destrucción la provocó ?dice este arqueólogo de la UDC? el levantamiento de un cuartel internacional durante la II Guerra del Golfo entre el 2003 y el 2004. Ocupó 150 hectáreas, donde vivían unos 2.000 soldados».

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