El pueblo que levantó una industria

Buscamos el auténtico rostro de las estadísticas que afirman que Galicia crece: a partir de un matadero y unas canteras, O Porriño ha logrado levantar uno de los tejidos empresariales más diversos de la comunidad.


O Porriño exporta a todo el mundo. La búsqueda de mercados fuera de Europa ha salvado a algunos sectores como el de la piedra. Jugar en un mercado global no ha borrado la cercanía que se respira en sus polígonos. Ahí  todos son conocidos.

Los raíles por los que discurre el  tren que une Vigo y Oporto son una frontera, la que separa los polígonos de A Granxa y As Gándaras, pero también una metáfora de cómo O Porriño ha sabido mirar al exterior para sortear la tormenta económica que ha golpeado a la industria en Galicia. Cerca de esa misma vía, en medio de un mar de naves de empresas del  automóvil, biotecnología, granito, limpieza, logística y donde también han desembarcado los chinos, hay una casona, explica el concejal de Emprego y ex alcalde Raúl Francés. Nesa casa vivían os caseiros que lles cuidaban de toda a parcela». Raúl habla de los Fernández como alguien de casa. Porque en O Porriño todo el mundo sabe quién es cada uno de los miembros de esa familia de Barreiros, en el concello lucense de Sarria, que después de la Guerra Civil alquiló Mataderos Rurales Cooperativos de O Porriño y comenzó a investigar las aplicaciones farmacéuticas de los deshechos cárnicos. Luego sembraron una gran explanada con plantas medicinales para los medicamentos, justo donde ahora se levanta A Granxa. Ese fue el germen de Zeltia. «Meu pai traballou onde ahora está Biofabri e recordo a sala onde tiñan colgados os fígados para investigar menziñas para a hepatite», dice Raúl. Biofabri es ahora una filial de CZ Veterinaria, una compañía biotecnológica líder en la fabricación de vacunas de uso veterinario nacida en 1993 a partir del know how que tenía el personal de Cooper Zeltia veterinaria, adquirida entonces por Pitman Moore.

El equipo de investigación de Biofabri está centrado en buscar una vacuna contra la tuberculosis para aplicar a personas. Ahora están ya empezando la fase II. Los más optimistas dicen que podría estar lista en el 2018. El director general de CZ, Andrés Fernández, prefiere la prudencia y habla del 2020. Pertenece ya a la tercera generación de la familia en O Porriño. Dice que está tan involucrado en el proyecto que están desarrollando que no le pesa la historia  y el espíritu emprendedor que implica su apellido. «Pode pesar cando eres máis cativo e tés soños, pero agora toca traballar», dice. Igual que él Néstor Morás también pertenece a una tercera generación ligada a la biotecnología en O Porriño. Su abuelo era ya trabajador en el grupo Zeltia y ahora él es el responsable de producción de cultivos anaerobios. Néstor y Andrés se conocen desde pequeños. Porque aunque exporten entre un 65 y un 70 % de su producción a mercados como Australia o Canadá, todo lo que hacen es Made in O Porriño.

Innovar está en los genes

No pudieron continuar dando clase en las facultades, pero su conocimiento y su experiencia contribuyeron al desarrollo del sector farmacéutico en O Porriño. Son los profesores apartados por el régimen franquista a los que reclutó la familia Fernández para formar parte del equipo de investigación que floreció al amparo del matadero. «A aposta naqueles primeiros anos de postguerra foi complicada porque cando a maioría das empresas loitaban por sobrevivir, aquí adicáronse a investigar», dice Andrés Fernández. Aquel espíritu innovador fue contagiándose al resto de compañías que fueron instalándose primero en As Gándaras, luego en A Granxa, un polígono promovido en su día por la Zona Franca de Vigo. Hoy O Porriño tiene tres centros tecnológicos: el del granito, el de la Automoción de Galicia y el Centro de Aplicaciones Laser de Aimen, dedicado al metal. Justo donde los Fernández cultivaban las plantas con las que experimentaban aquellos catedráticos, en el polígono de A Granxa, está ahora el Centro Tecnológico de la Automoción de Galicia. No es casual que esté en el mismo concello donde están algunas de las compañías auxiliares de PSA Citröen. Ni tampoco donde han levantado el Centro de Aplicaciones Laser, que forma trabajadores especializados en cortar metal con ese instrumento.

Es mediodía. poco más tarde de las dos. La mayoría de ingenieros que trabajan en el búnker del Centro Tecnolóxico de Automoción han salido a comer, pero un coche con el lema Mobil_Lab impreso en el lateral  no deja de dar vueltas en torno al edificio. Es un proyecto enfocado a desarrollar un coche que no precise conductor. Aunque este lo lleva. Avanza y se detiene un momento en el circuito de pruebas de detrás de las naves. Desde ahí, donde experimentan la última tecnología aplicada al motor, se ven a lo lejos las canteras de Budiño y Atios, custodiadas por el monte Faro.

Los graniteros todavía recuerdan cuando en O Porriño solo se extraía una piedra a la que luego sacaban rendimiento en Italia. Porque fueron estos últimos los que comenzaron a darle valor añadido al ahora famoso granito Rosa Porriño. Hasta llegaron a  poner en el mercado mundial como  piedra de Carrara la extraída en los montes gallegos. Los canteros comprobaron que podían transformar  su material tan bien o mejor que ellos. Comenzaron a investigar, a transformar... Ahora no solo exportan piedra autóctona como la Rosa Porriño, Gris Mondariz o Gris Perla, también otros tipos transformados. Sus grandes mercados: Turquia, Estados Unidos, Portugal, Alemania, el norte de África, Francia o Arabia Saudí. Para llegar hasta esos países resulta fundamental el puerto de Vigo, el mayor vínculo de O Porriño con el mundo.  La buena comunicación con esa infraestructura y con las autopistas que acercan el sur de Galicia a Portugal, A Coruña o Madrid a través de Ourense fue una baza para atraer empresas.

Hasta algunos andan pensando qué hacer cuando no puedan sacar más piedra de Budiño y Atios. Puede que la exploten para las canteras para el turismo, como en Carrara. Aunque turismo también tienen: el Camino.

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