Dos químicos en una vanguardia que exige cambios 

EXTRA VOZ

Francisco Rivadulla y José Luis Mascareñas. El primero lidera un grupo de seis personas que investiga en la otra frontera de la química, la que limita con la física. El grupo del segundo, formado por 18 investigadores, trabaja en tres líneas de la química.
Francisco Rivadulla y José Luis Mascareñas. El primero lidera un grupo de seis personas que investiga en la otra frontera de la química, la que limita con la física. El grupo del segundo, formado por 18 investigadores, trabaja en tres líneas de la química. Álvaro Ballesteros

Francisco Rivadulla Y José Luis Mascareñas pertenecen a la escasa élite que investiga en Galicia. Escasa porque, critican, el sistema no puede dar a los científicos una estabilidad que garantice su futuro. Y se van. Ellos han perdido a unos cuantos. Por eso están seguros de que la Universidad necesita un cambio

19 abr 2015 . Actualizado a las 13:45 h.

La investigación química en España ocupaba el séptimo puesto a nivel internacional antes de la crisis y los recortes. Dos de los «culpables» del nivel de esta área científica trabajan en el CiQUS, un centro de investigación singular de la Universidade de Santiago. Son José Luis Mascareñas, catedrático de química orgánica, y Francisco Rivadulla, profesor titular del departamento de química física. Los separa una generación (el primero es del 61 y el segundo del 73). En el 2013 Mascareñas recibió del Consejo Europeo de Investigación una ayuda Advanced Grant para uno de sus proyectos de investigación, dotada con 2,35 millones de euros para cinco años. Estuvo en Harvard, Cambride y en el MIT, una universidad que cuenta con 76 premios Nobel entre sus egresados y profesorado. Fran Rivadulla obtuvo la Starting Grant en el 2010, la segunda que se daba en Galicia. Anteriormente tuvo una beca Fulbright y logró un contrato en la USC a través del programa Ramón y Cajal. Son la élite de la investigación en Galicia. Pero muy críticos con ella. «Es muy heterogénea, con áreas con un nivel muy bueno y grupos competitivos a nivel mundial, y otras que no lo son», dicen. 

La ciencia española sufre, y no solo por los recortes. El funcionamiento de la universidad es otro problema. «La investigación siempre compensa, solo hay que mirar a cualquier universidad privada americana», explica Rivadulla. «Hay una frase muy conocida que se le puede aplicar perfectamente: si creéis que la educación es cara, probad con la ignorancia». El problema de los engranajes universitarios es que se sigue concibiendo esta institución como meramente docente, y no es que se premie la mediocridad, pero desde luego no se fomenta la excelencia, «la universidad necesita un revolcón al cien por cien, sobre todo en la gobernanza y en la selección de profesorado».

Por ejemplo, dirigir una tesis doctoral implica una reducción de diez horas de clase al año «es absurdo, devaluar el posgrado», dice José Luis. Para contratar profesorado, aunque su nivel científico sea excelente, es necesario que esté ligado a necesidades docentes. No se puede ofrecer estabilidad a los investigadores, y se van a donde sí la tienen. Rivadulla, que creo su propio grupo hace cuatro años con la Starting Grant, perdió a cuatro posibles científicos Ramón y Cajal, «porque no pude darles un compromiso de estabilidad». «A dos Ramón y Cajales míos hace dos años los echaron, uno era el número dos de España, se fue a Barcelona», añade Mascareñas.

Hacer bien las cosas

Porque las cosas también se pueden hacer bien en España «solo hay que mirar hacia la Pompeu Fabra», y cuanto mejor se hagan, más rentables son. Un ejemplo es este centro singular de investigación en química biológica y materiales moleculares. El año pasado captó cinco millones de euros, «con ese nivel en toda la universidad, igual no necesitábamos financiación pública», apunta el catedrático de química orgánica. Un 20 % de los fondos obtenidos revierten en la propia institución. Y el resto de los recursos de los proyectos de investigación traen a investigadores de primer nivel. Unos 60 de los 180 científicos de este centros están contratados con cargo a proyectos, lo que sería una empresa de tamaño medio en la comunidad. 

Estos dos científicos insisten en la importancia de la ciencia, «de repente se pegó un hachazo hace unos años, y grupos que lo estaban haciendo decentemente han tirado la toalla». Para Rivadulla se ha hecho un daño «irreparable» a la investigación.