Pedro Sánchez solo quiere el récord de permanencia

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira SIN COBERTURA

ESPAÑA

Pedro Sánchez en el Senado.
Pedro Sánchez en el Senado. Mariscal | EFE

04 dic 2025 . Actualizado a las 13:04 h.

Ver a Pedro Sánchez desmentirse a sí mismo ha dejado de sorprender hace mucho tiempo. El hombre que firmó Manual de resistencia, que escribió Irene Lozano, ha convertido en el axioma central de su vida la filosofía de El príncipe. El fin justifica los medios. Y su único fin, desde que empezó de candidato de relleno en un pueblo de Madrid, ha sido el poder.

No le importan las dudas sobre su tesis ni tener que haber pasado por ser el chico de los recados de Pepe Blanco. Tampoco las traiciones de los que creía sus amigos, Óscar López, el que preguntaba por los negocios de saunas de su suegro en las primarias, o Antonio Hernando, que firmó la renuncia al no es no. Le afectó un poco —cinco días de reflexión— que señalaran a su mujer, Begoña Gómez, en diversas tramas que presuponen que se benefició de su condición de esposa del presidente para lucrarse en sus negocios. Y se le ha visto defender sin más argumentos que su criterio personal al ex fiscal general o a su propio hermano. También, lo hizo con Ábalos, al que primero echó y luego le confesó que lo echaba de menos hasta repescarlo para sus listas. O con Cerdán, aunque ahora sean dos desconocidos para él.

El historial de renuncias de Sánchez es largo en la última década. A expensas de verificar si es verdad o no que se vio con Otegi antes de la moción de censura, la hemeroteca le recuerda al presidente no solo sus tuits sino también sus palabras. Dijo que nunca pactaría con Bildu y lo hizo y hace regularmente. Dijo que pactar con Pablo Iglesias le quitaría el sueño a él y a millones de españoles, pero se abrazaron y convivieron durante dos años. Dijo que no habría indultos a los presos del procés y ya salieron todos los de la cárcel. Dijo que la amnistía era anticonstitucional y ahí vino lo de hacer de la necesidad virtud. Prometió traer esposado a Puigdemont a España y ahora anda pidiendo cita para ver si puede recomponer las relaciones con Junts.

El último episodio del sainete llegó con la actitud suplicante, con acto de contrición incluido, frente a los independentistas. Sánchez alérgico a las entrevistas —dos, en la 1 y en El País en los últimos catorce meses— programó una doble sesión solo para catalanes, en la emisora de La Vanguardia y en el canal de TVE cedido por las presiones de los separatistas y admitió, por primera vez en siete años, su responsabilidad en algo negativo: «No hemos cumplido». Lo que es una mala noticia para el presidente porque complica su futuro en la Moncloa es buena para la mayoría de los españoles porque impide el saqueo de la caja común, la cesión de las competencias de emigración o el aumento de los privilegios de unos pocos. El problema es que a Sánchez solo le interesa batir el récord de permanencia en la presidencia. Y ahí ya ha demostrado que no tiene líneas rojas. Aunque no pare de recibir calabazas de Míriam.