Mazón embarra la oposición de Feijoo

Lourdes Pérez, Colpisa

ESPAÑA

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijoo con el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, en una imagen de archivo
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijoo con el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, en una imagen de archivo Ana Escobar | EFE

Hay voces que hablan ya de una eventual renuncia pactada del presidente valenciano

02 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Salvo que consiga remontar, con una reconstrucción hercúlea, Carlos Mazón es hoy lo más parecido a un político sentenciado. Su liderazgo está en cuarentena desde que el peor desastre natural en un siglo, el brutal temporal que mató a 224 personas en suelo valenciano. Pasado el trance más crítico, Alberto Núñez Feijoo optó por el control de daños fiando la precaria continuidad de su barón, en una autonomía electoralmente clave, a la ingente tarea de levantarla de los escombros y con una advertencia: «Ya no caben más errores». El problema para el PP es que Mazón se ha convertido «en un peligro» —la definición es de dentro— porque no para de cometerlos. «Sabemos lo que hay que hacer, otra cosa es el momento», constatan en la dirección nacional de los populares. Génova no mueve ficha visible y se guarece en un elocuente silencio a la espera, vana por ahora, de que escampe.

Los populares, donde las posiciones no son unívocas, también calibran que la marcha de Mazón, motu proprio o instigada, daría vía libre a «la campaña» de la izquierda para atribuirle toda la responsabilidad de las víctimas. Y hay quien incluso reconoce a su correligionario su «arrojo» ante la perspectiva de unas Fallas contra él. Pero este sábado, a horas de la quinta manifestación en la que miles de personas le urgieron de nuevo a irse, Mazón no asistió en el Ayuntamiento valenciano a la primera mascletá de unas fiestas encapotadas por el drama.

El sentir que ha ido cuajando en el partido es que la reprobada administración de la catástrofe protagonizada por el presidente no solo amortiza su carrera institucional, sino que él mismo, en vez de focalizarse en su única tabla de salvación —el deber de la reconstrucción—, agudiza su fragilidad con la sucesión de versiones sobre lo que hizo y no hizo la tarde de la dana. Las voces menos contemplativas enmarcan la confesión a rastras de la hora en que llegó al Cecopi —las 20.28, 17 minutos después del ya tardío envío del sms de alerta— en el intento de procurarse un escudo ante la investigación penal abierta por la jueza de Catarroja; aun a costa, rematan estas fuentes, de arruinar su credibilidad.

Opacidad y locuacidad

Feijoo abogó desde que se consumó la dana por que el Gobierno decretara la emergencia nacional y asumiera el mando, al que Mazón no quiso renunciar. Convocó después una reunión telemática con sus barones para proyectar una imagen de unidad, que terminó solapada porque esa tarde se destapó que el presidente había dedicado parte del día de la tragedia a comer con la periodista Maribel Vilaplana. Y la mezcla de opacidad y locuacidad con la que el jefe del Consell se está conduciendo en lo que le atañe más personalmente está impidiendo al PP reorientar el foco en la doble dirección en la que pretendía: por una parte, subrayando los recursos activados por el Gobierno valenciano frente a un Sánchez del que siguen denunciando una supuesta e interesada desidia; y, por otra, recordar que lo más dramático fue «la riada» en la rambla del Poyo, de «titularidad» estatal. El lunes, mientras su barón comparecía en un acto en Madrid que levantó aún más ampollas, Feijoo dejó caer en Telecinco que decidirá sobre Mazón cuando toque «porque nos interesa gobernar Valencia». El congreso de los populares valencianos, uno de los hitos con los que se viene especulando para una eventual renuncia pactada con la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, en las quinielas de la sucesión, toca en verano. Pero no está convocado.