El líder de Más País se prepara para dar el estirón

Íñigo Errejón tiene por delante dos años para hacer ese «trabajo sucio» y eficaz que tan buen resultado le ha dado a Mónica García


redacción / la voz

El 16 de marzo la líder de Más Madrid despertó a Pablo Iglesias de su sueño de guionista «de Netflix» cuando rechazó la «testosterona» que el aún vicepresidente pretendía aportar a una lista conjunta de izquierdas para derrotar a Isabel Díaz Ayuso. Su chasquido de dedos sonó así: «Las mujeres estamos cansadas de hacer el trabajo sucio para que, en los momentos históricos, nos pidan que nos apartemos».

Al día siguiente, en el Congreso de los Diputados, Íñigo Errejón dio otro chasquido de dedos delante de una Cámara que llevaba quince minutos de gresca, como en una noria narcótica: de la derecha a la izquierda, y golpe de vuelta, del nacionalismo al centralismo, del zasca a la réplica chusca. El líder de Más País preguntó a Pedro Sánchez por un plan «para abordar el inmenso problema de la salud mental» en España y consiguió que alguno de los diputados se riese. «¡Vete al médico!», le gritó poco después uno de ellos, que todavía no había despertado. Casi todos los demás, zarandeados por aquel jarro de realidad inesperado, le aplaudieron.

La brecha que García y Errejón evidenciaron en esas 24 horas -la que se abre entre el efectismo político y la gestión de lo público; entre la bronca y lo que «no es de la máxima actualidad, pero sí de la máxima importancia», como apuntó el líder de Más País- es seguramente la explicación más sencilla de por qué la casi desconocida médica anestesista no solo ha conseguido resistir el efecto Iglesias, sino que ha logrado que los socialistas sintieran su aliento a la zaga y, finalmente, los ha superado.

Más Madrid ha mejorado sus resultados con respecto al 2019, cuando consiguió 20 escaños arrebatados directamente de las sacas de Unidas Podemos -la formación morada pasó entonces de 27 a 7 escaños en la Asamblea-. Pero igual que entonces saltar del tablero madrileño al nacional se convirtió en una tarea de gigantes -Más País concurrió con Compromís y logró tres diputados-, ahora tampoco le resultará fácil al otrora número dos de Iglesias ampliar su espacio, aunque será sin duda más accesible que entonces.

Tras sobrevivir a duras penas a la maquinaria en la que fue triturado antes de dejar el partido que fundó con otros cadáveres políticos como Carolina Bescansa o Juan Carlos Monedero, el diputado madrileño ha visto cómo los triunfos que él contribuyó a construir, como los 71 escaños y cinco millones de votos conseguidos por la formación morada en junio del 2016, cuando Podemos se debatía ya entre pablistas y errejonistas, amenazan con ser los mejores recuerdos en la vitrina de trofeos de la formación que nació al calor del 15-M.

Uno de los grandes desencuentros entre Iglesias y Errejón fue precisamente el apoyo a la fallida investidura de Pedro Sánchez en marzo del 2016, a la que el primero se negó y que sentenció su relación política y amistosa.

Con la incertidumbre abierta en Podemos, tras la salida de Iglesias del Gobierno y su renuncia a seguir liderando la formación, el amplio terreno político que se abre a la izquierda del PSOE podría ser ocupado por Errejón, que tiene por delante dos años para hacer ese «trabajo sucio» y eficaz que tan buen resultado le ha dado a Mónica García; dos años para demostrar si esta vez puede dar, por fin, el definitivo estirón.

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