El PSOE podemiza su discurso

El poder no modera el tono de Iglesias y, al contrario, el Gobierno asume el lenguaje de Podemos para generar tensión con la derecha

Celaá, María Jesús Montero e Irene Montero, tras el Consejo de Ministros del pasado viernes
Celaá, María Jesús Montero e Irene Montero, tras el Consejo de Ministros del pasado viernes

Madrid / La Voz

El guion previsto en casi todos los análisis políticos en torno al nuevo Gobierno de coalición, alentado desde las propias filas socialistas, indicaba que la unidad y la estabilidad del Ejecutivo no peligraban porque el contacto de Unidas Podemos con el poder iba a suponer un baño de realidad para los de Pablo Iglesias y, sobre todo, una moderación no solo en el fondo, sino también en las formas de los dirigentes morados. Estar en el Gobierno los integraría hasta convertirlos en dóciles y pragmáticos socialdemócratas con sentido de Estado a los que el PSOE podría manejar. Pero los cosas, de momento, no van por ese camino. Es cierto que tanto Iglesias como sus ministros han demostrado en una semana una enorme capacidad para tragar sapos suministrados por Pedro Sánchez. Desde aceptar la designación e incluso alabar el nombramiento de Dolores Delgado como fiscala general del Estado después de haber exigido su dimisión y de vincularla a las «cloacas de Interior», hasta asumir que José Félix Tezanos seguirá al frente del CIS después de haber pedido su cese en el pasado por manipular las encuestas en favor del PSOE y perjudicar consciente e intencionadamente a Unidas Podemos.

Pero esa ingestión de batracios, y las que quedan todavía, no ha supuesto una moderación en el discurso y las formas de Pablo Iglesias. En un hecho sin precedentes, consciente o no de lo que hacía, el vicepresidente segundo del Gobierno descalificó el mismo día que tomó posesión de su cargo a la Justicia y la acusó de haber «humillado» al Estado español. Algo que en apenas unos días ha generado un grave conflicto entre el Ejecutivo y el Poder Judicial que amenaza con ir a más. De momento, el vicepresidente Iglesias sigue hablando como si continuara siendo un agitador en la oposición y no un miembro del Ejecutivo. Y a lo que asistimos de manera sorprendente es más bien a una podemización del discurso de los dirigentes del PSOE y de sus ministros en el Gobierno, especialmente en las formas, asumiendo el lenguaje y la estrategia de los morados. Una radicalización que busca el choque frontal para fijar un marco de enfrentamiento entre bloques que ya no serían de izquierda y derecha, sino de izquierda y ultraderecha, sin dejar matices para los tonos medios.

En lugar de abordar un asunto polémico como el del pin parental instando a su retirada en la Región de Murcia por la vía del recurso, la ministra de Educación sobreactuó con una frase muy del estilo de Iglesias para generar conscientemente una polémica que va mucho más allá: «Los hijos no pertenecen a los padres». Una sentencia que es un seguro para dividir a la sociedad. Y el otrora comedido José Luis Ábalos echa gasolina al incendio diciendo que en Murcia hay «fascismo». Todo en un tono muy de Podemos, buscando —y consiguiendo—, que el PP entre al trapo, pierda los papeles y responda comprando al Ejecutivo con la Cuba de Castro. Como le dijo en su día Zapatero a Gabilondo, el Gobierno necesita que haya tensión con la derecha para reafirmarse. Y, de momento, la receta para ello esta siendo aplicar el manual de Iglesias.

Alfonso Alonso redobla su desafío a la dirección popular

Después de la salida de Borja Sémper, envuelta en reproches en los que igualaba a su propio partido con el PSOE y el resto de fuerzas a la hora de responsabilizarles del clima de crispación, el PP vasco sigue marcando distancias con la dirección nacional de los populares sin que se adivine por ahora hasta dónde puede llegar ese alejamiento. Alfonso Alonso, líder del PP vasco, no oculta su pésima relación con Cayetana Álvarez de Toledo y con su discurso en torno al nacionalismo vasco. Pero ahora, Alonso se ha desmarcado también de la posición de Génova sobre el pin parental y ha considerado «absurda» la iniciativa de Vox en Murcia, a pesar de que Casado la ha apoyado sin matices.

Feijoo no espera a que el PP fije su relación con Sánchez

Con unas elecciones gallegas a la vista en otoño, siempre que el PNV no fuerce un adelanto que ya ha modificado el calendario gallego en otras ocasiones, Alberto Núñez Feijoo no está dispuesto a seguir los tiempo políticos marcados por Génova en la relación con el Gobierno de Sánchez. La estrategia del PP es esperar a que el ejecutivo naufrague con ERC en los Presupuestos para que Sánchez se vea obligado a llamarles y negociar. Pero Feijoo se adelanta, se dirige directamente al Gobierno para poner la agenda gallega en todos y cada uno de los ministerios y ofrece «cooperación leal» con el Ejecutivo de coalición si este da una respuesta positiva a sus demandas. Que son las de Feijoo, no las del PP.

La maniobra de Vox sobre el CGPJ descoloca a Casado

«Radicales serán, pero tontos, no». Así analiza un dirigente del PP la estrategia política de Vox, que está dejando descolocados a los populares en más de una ocasión. El último caso que ha sorprendido al PP en fuera de juego ha sido el anuncio de los de Santiago Abascal de que están dispuestos a negociar con el PSOE la renovación del Consejo General del Poder Judicial, cuando desde el PP se mostraban dispuestos a bloquearla. La jugada pone por un lado al PSOE en la imposible tesitura de intentar formar una insólita mayoría con sus aliados y con Vox para repartirse los cargos, y por otra sitúa al PP en la situación de rectificar y abrirse al diálogo con Sánchez para mantener sus cuotas en el CGPJ.

La aprobación de los Presupuestos condiciona las promesas del Gobierno

Gonzalo Bareño

Confía en pactar con Bruselas un mayor margen de gasto y contar con el apoyo de ERC

Pedro Sánchez es consciente de que su principal objetivo, que es durar y agotar la legislatura, pasa por conseguir aprobar por primera vez unos Presupuestos. Para ello, necesita transformar la mayoría relativa con la que ha sido investido en una mayoría absoluta de la Cámara Baja. No lo tendrá fácil, porque necesitará el voto a favor de ERC, cuyo líder, Oriol Junqueras supedita cualquier posibilidad de respaldar las cuentas públicas a que se produzcan avances concretos en la mesa de negociación entre el Gobierno y la Generalitat que ha pactado.

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