Ni una palabra, oigan. Ni una señal en el cielo. Nada de nada. Aquí, mucho hablar de los acuerdos con Esquerra y sus condiciones, mucho especular sobre las fechas de la investidura y muchas desinformaciones sobre la Abogacía del Estado, pero ni una palabra sobre el gobierno que pueden formar los partidos Socialista y Podemos. Quizá dirigirán los destinos de este país, pero no dejan ver ni el menor indicio del programa que están preparando o que ya tienen preparado, por si la investidura tiene que ser precipitada. Recuerden que se mencionó el día de hoy o el de mañana para esa sesión.

Con lo cual, todo se vuelve el reino del rumor, como corresponde a la desinformación. Se intuye que están negociando. Se habla mucho del reparto de sillones. Se llegó a contar que Pablo Iglesias, además de vicepresidente, podría tener alguna función en política exterior. Y se filtra en conversaciones privadas que hay reuniones con empresarios para transmitirles tranquilidad. Todo, sin la menor confirmación ni desmentido oficial. Ninguno de los dos protagonistas de la coalición ni sus colaboradores se sienten en la obligación de contar nada. Es el triunfo del oscurantismo, de la técnica de desviar la atención hacia las reuniones con los independentistas y de la aspiración de todo político: trabajar sin presiones externas.

Hasta ayer, que tampoco hubo información oficial, pero sí una noticia firmada por Gemma Robles en El Periódico de Cataluña: Sánchez e Iglesias, a través de la ministra Montero y el diputado Echenique, han cerrado la reforma fiscal del nuevo gabinete. La primera filtración podría ser sobre el AVE a Galicia, sobre la política territorial, sobre la España vaciada o sobre las pensiones, pero no: ha sido sobre la reforma fiscal. Es decir, sobre la subida de impuestos que los coaligados consideran imprescindible para financiar la política social y el consiguiente incremento del coste, todavía no bien calculado, pero que ya tropezó con la resistencia de Bruselas, que lanzó su primer aviso sobre el déficit y la deuda pública de España.

Así que ya lo sabéis: primer acuerdo cerrado y filtrado, los impuestos. Y no para bajarlos. Dicen que solo se subirán a los ricos, pero vayan ustedes a saber qué entiende Pablo Echenique por ricos, a partir de qué salario se considera rico a un trabajador y cómo el impuesto de sociedades influye en la inversión y en la creación de puestos de trabajo. Cataluña acaba de aprobar una subida del IRPF y la patronal Foment hizo un primer comentario: es una subida confiscatoria. Mucho dinero para el Fisco y menos en el bolsillo de los consumidores con mayor capacidad de compra es muy populista, pero, en términos económicos, muy poco alentador.

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Impuestos, primera en la frente