Recuerdo de las «provincias traidoras»


Si no he entendido mal, el pensamiento del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, después de la ronda telefónica de Pedro Sánchez, se puede resumir así: bajar a tensión territorial consiste en tres actuaciones: pactar con el independentismo catalán, cortejar a EH Bildu y retener el dinero a las comunidades autónomas leales. Son leales las comunidades que no ponen en cuestión la unidad del Estado, las que se someten a la Constitución y las que cumplen sus obligaciones legales, tanto jurídicas como financieras. Galicia es el mejor ejemplo, porque no plantea conflictos de soberanía, no está endeudada y respeta las reglas básicas del déficit y del gasto público.

¿Y cuál es el trato que recibe? Antes de las últimas elecciones, fue presionada económicamente para que el Partido Popular se abstuviera en la fracasada investidura de Pedro Sánchez. Si eso se lo hubieran hecho de forma tan descarada al gobierno secesionista catalán, los señores Torra y Aragonés estarían hablando de chantaje. De hecho, Esquerra Republicana pronuncia esa palabra simplemente cuando un negociador del PSOE, José Luis Ábalos, expresa su deseo de firmar su pacto lo antes posible.

Después de las últimas elecciones ocurrió lo conocido: el gobierno central se niega a pagar los 200 millones de euros de un IVE ya cobrado y duerme el sueño de los morosos en algún arcón del Banco de España. El argumento del Ministerio de Hacienda es que, estando el gobierno en funciones, no puede hacer ese reembolso. Inquietante anuncio porque, si hubiera que volver a las urnas y estar otro medio año en funciones, Galicia tendría que esperar ese medio año. Y digo Galicia, no la Xunta, porque ese dinero se dedica a servicios básicas como Sanidad o Educación. Por lo visto, en gobierno en funciones puede pagar todo, menos lo que debe a una Administración que forma parte del Estado. Parece de chiste.

Quiso la casualidad -espero que haya sido la casualidad- que al mismo tiempo se interviene la Junta de Andalucía por exceso de gasto cuando la gobernaba el PSOE. Y, al mismo tiempo, se amenaza a la Comunidad de Madrid por su política de rebaja de impuestos. Podríamos dejar los tres casos en episodios aislados si no tuvieran un nexo: las tres están gobernadas por el PP y las tres son leales al Estado. La política que se les aplica recuerda el decreto de Provincias traidoras dictado en tiempos de Franco. Desde luego, en las tres se cumple un viejo principio cínico: no permitas que ninguna buena obra quede sin justo castigo. Pues parece que en esas estamos. Solo puedo añadir una cosa más: mala política es la que se basa en el garrote ideológico o que intenta sugerir a los ciudadanos cómo y a quién deben votar. Pero aún peor política es premiar a los desleales por pura necesidad de poder.

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