El Bloque aprieta el acelerador de las autonómicas

Ana Pontón, portavoz nacional del Bloque
Ana Pontón, portavoz nacional del Bloque

Si las cosas siguen el curso previsto, Ana Pontón va a ser proclamada candidata del BNG a la presidencia de la Xunta en menos de dos meses, una formalidad que, de momento, solo cumplió el PSdeG con la designación de Gonzalo Caballero. Las generales del pasado domingo confirmaron la ola ascendente de los nacionalistas gallegos, con un avance de casi tres puntos en porcentaje de voto y la recuperación de su voz en el Congreso, y ahora quieren aprovechar este clima de optimismo para lanzar su candidatura a la Xunta antes de que Pontón tenga que alejarse de los focos por su próxima maternidad, prevista para febrero.

El 2 de diciembre se sabrá si surge algún nombre dentro del Bloque dispuesto a competir con la portavoz nacional, algo que nunca hay que descartar, pero que es muy poco probable que ocurra, debido a que el liderazgo de Ana Pontón no solo es incuestionable, sino que es vista internamente como una suerte de salvadora, alguien que cogió las riendas de una organización hecha trizas y que promovió el relevo generacional que necesitaba para iniciar la recuperación.

El BNG es ahora un frente político más solidificado que en febrero del 2016, cuando Pontón se puso al frente. Tiene una treintena de alcaldías, entre ellas la de la ciudad de Pontevedra, y cogobierna en Lugo. También participa, junto al PSOE, en el gobierno de tres diputaciones provinciales (A Coruña, Lugo y Pontevedra) y el billete que acaba de lograr para enviar a Néstor Rego a Madrid le va a dar mayor proyección a su actividad política y a la agenda gallega que intenta reivindicar ante el Gobierno.

El regreso al Congreso también va a suponer un importante balón de oxígeno para una formación que, tras ser apeada de la Xunta en el 2009, estuvo viviendo con la soga al cuello. No solo aprobó un expediente de regulación para despedir a una docena de empleados y aumentar las cuotas de sus cargos públicos, sino que se autoimpuso austeridad generalizada en el gasto para afrontar el pago de una deuda superior a los 3 millones de euros, contraída en la etapa de Anxo Quintana.

De acuerdo con el informe de contabilidad remitido al Tribunal de Cuentas, la deuda del BNG ascendía a 786.000 euros en el 2017, y en el 2018 amortizó 306.000 euros más. Ahora es una organización mucho más saneada que, a mayores, recibirá una inyección de unos 270.000 euros al año por su presencia en el Congreso.

La capacidad que tenga el Bloque de administrar bien la visibilidad y los recursos que le reportará el escaño en Madrid va a influir en el resultado de las autonómicas. Acertará si se centra en colocar la agenda de asuntos gallegos en Madrid, pero puede patinar si traslada a Galicia debates espinosos como el de la firma del manifiesto por la autodeterminación, junto a ERC, JxCat o Bildu, del que incluso se demarcó el PNV por hallarlo inoportuno.

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