Radiografía del secesionismo: con la división como telón de fondo

Los analistas explican las disensiones «profundas» que existen entre los separatistas

A las puertas del Parlamento catalán, se produjeron enfrentamientos de los manifestantes independentistas con los mossos d'Esquadra
A las puertas del Parlamento catalán, se produjeron enfrentamientos de los manifestantes independentistas con los mossos d'Esquadra

La Diada presentaba características diferentes a las de años anteriores: la división en las fuerzas independentistas, fundamentalmente entre ERC y los partidarios del fugado Carles Puigdemont, y la sentencia del procés, que está muy próxima. La participación ha sido la más baja desde el año 2012.

¿Qué diferenciaba esta Diada en relación con las últimas celebradas?

Para Xavier Arbós, catedrático de Constitucional de la Universidad de Barcelona, los independentistas afrontaban la Diada «con la moral más baja». «Las razones son varias, la primera es obvia: la falta de unidad. A la tensión entre ERC y JxCat se unen las reticencias de un sector del PDECat por la dirección que ejerce Puigdemont», expone. La segunda es «el desánimo por la incapacidad de Torra, que ni lidera un Gobierno mínimamente eficaz ni, pese a la retórica, ha mejorado las expectativas de avanzar hacia la república». Y la tercera, «la falta de perspectivas: tras varias Diadas en las que se daba a entender que la independencia estaba a la vuelta de la esquina».

«Creo que el estado de ánimo era más bajo», sostiene la politóloga Berta Barbet. Pese a ello, «mucha gente ha salido a la calle a protestar, porque es un día en el que los independentistas sienten que deben decir que el conflicto sigue abierto», afirma. «La causa no es pasajera para muchos independentistas, y el contexto actual puede menguar el estado de movilización constante, pero no en días clave» concluye.

«El contexto actual puede menguar la movilización constante, pero no en días clave»

«La sensación y el ambiente eran los mismos, con los independentistas intentando tensar la relación con el Estado, pero a su vez con mayores tensiones internas entre ellos, aunque haya habido llamadas a la unidad y diseñen camisetas de consenso», asegura el consultor político Santiago Martínez. «La diferencia fundamental radicaba en la división de los actores independentistas», señala la politóloga Verónica Fumanal. «En estos momentos existen dentro de un mismo Gobierno dos estrategias diferentes y que se fagocitan; JxCat pretende a toda costa alargar la agonía del Gobierno de la Generalitat, aunque no consiga aprobar presupuestos; sin embargo, ERC considera que la etapa de la unión a costa de cualquier otro tema ya es historia y quiere celebrar unas elecciones anticipadas para, como hizo en las pasadas generales, sorpasar al partido de Puigdemont», afirma. Por tanto, «a JxCat le interesa seguir la estrategia de confrontación radical contra el Gobierno español, mientras que ERC apuesta por una estrategia de diálogo», mantiene.

¿La división en las fuerzas independentistas es profunda o solo formal?

«Es profunda, en tanto que hay una diversidad clara de visiones sobre la forma en que la independencia se debe llevar a cabo, las estrategias de fondo y los ritmos» estima Barbet. «Pero esto no es algo nuevo, el movimiento independentista siempre ha estado dividido y ha sido muy diverso, pero también ha sido siempre capaz de encontrar causas que lo unieran para evitar romperse del todo», explica. «Hay elementos en común que son fáciles de recuperar, y la reclamación de la Diada es uno de ellos», concluye.

«ERC considera que la etapa de la unión a toda costa ya es historia y quiere elecciones»

«Es profunda, porque responde a dos estrategias distintas», asegura Arbós. «La de ERC es ensanchar la base del independentismo, siendo esa ampliación una condición imprescindible para cualquier paso mínimamente rupturista; la de sus competidores es aumentar la tensión y el ‘cuanto peor mejor’ para acumular fuerzas e intentar de nuevo la secesión unilateral», añade. Por otra parte, «ambas estrategias compiten electoralmente, y eso hace complicado que ninguno de los dos campos se preste a explicitar la conveniencia del repliegue, por temor a quedar como blando ante el electorado». «Su objetivo común les une, pero cómo lograrlo les divide, mientras el objetivo sea más fuerte, la división será meramente formal, ya que de lo contrario sus bases les castigarían», afirma Martínez. «Actos como la Diada de este año buscan curar esas heridas», señala.

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