Cristina Cifuentes: el máster, cremas y enemigos

La presidenta de Madrid del 2015 al 2018,  imputada en el caso Púnica

Cristina Cifuentes
Cristina Cifuentes

madrid / colpisa

Hace poco más de un año, dijo adiós. Todo por dos cremas afanadas hacía ocho años. Cristina Cifuentes ya estaba desahuciada por el inexistente máster en Derecho Autonómico que se atribuía. Pero un hurto cutre y unas imágenes humillantes acabaron con su carrera. Desde entonces se ha comunicado a golpe de tuit, para defenderse de las primeras voces que la vincularon con Púnica.

 Los pecados del pasado dinamitaron su futuro político. Salió por la puerta de atrás cuando aspiraba a entrar por la grande de la Moncloa. El máster, las cremas y ahora Púnica la han sentenciado.

El fuego amigo arruinó sus planes. Unos señalan a Esperanza Aguirre, a la que llevó ante la Fiscalía por la ruinosa Ciudad de la Justicia; otros, a Ignacio González, a quien puso en un brete con sus denuncias del Canal de Isabel II; los más apuntan a Francisco Granados.

Tras dos décadas anodinas en la Asamblea autonómica, fue premiada con la Delegación del Gobierno en Madrid, con el aval de Cospedal y el beneplácito de Rajoy, harto de Aguirre. Pero Cifuentes resultó ser un cuerpo extraño en el PP. Republicana, agnóstica, defensora del matrimonio homosexual y de la ley del aborto llegó al Gobierno de Madrid gracias a un pacto con Cs. Su mandato ha sido un rosario de encontronazos. El enemigo, sin embargo, estaba en casa.

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