Madrid se les atraganta al PSOE y al PP

Socialistas y populares son incapaces por ahora de encontrar candidatos de garantía para encabezar las listas de las europeas y al Ayuntamiento de Madrid, elecciones clave del 26M

N. Vega
Madrid / Colpisa

Ni cartel electoral para las europeas ni cabeza de lista para el Ayuntamiento de Madrid. A menos de cinco meses para las elecciones del 26 de mayo, Pedro Sánchez sigue buscando candidatos. La tarea se ha demostrado peliaguda. En los últimos meses, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE se ha topado ya con varias negativas, algunas de figuras relevantes. El ministro de Exteriores, Josep Borrell, se ha esmerado en dejar claro que la idea de liderar las listas del partido al Parlamento Europeo no le seduce lo más mínimo. Y antes de Alfredo Pérez Rubalcaba y del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ya hubo que descartar como rivales de Manuela Carmena a Cristina Narbona y a la ministra de Defensa, Margarita Robles.

La elección del candidato europeo no es en absoluto menor. Su rostro empapelará todas las ciudades españolas junto al de los candidatos a la presidencia del Gobierno en las trece autonomías que celebran elecciones y junto al de los aspirantes a alcalde en los más de 8.000 ayuntamientos del país. Por eso los socialistas necesitan un nombre con fuerza, difícil de encontrar entre los dirigentes de nuevo cuño que han asumido responsabilidades recientemente, tras la victoria de Sánchez en las primarias del 2017. En esa contienda, el hoy jefe del Ejecutivo plantó batalla a Susana Díaz, sí, pero también al PSOE clásico. Los veteranos más críticos con el presidente del Gobierno ironizan con la situación. «Es estupendo, tanto hablar del nuevo PSOE y tratar a los viejos como una rémora y cuando la cosa se pone fea ¿hacia dónde hay que mirar?», decía un ex alto cargo del partido el pasado miércoles, cuando trascendió la noticia de que Sánchez había llamado a Rubalcaba a la Moncloa para proponerle que optara a regidor de la capital de España, una plaza inaccesible para el PSOE desde que en 1989 Juan Barranco fue desbancado por una moción de censura del CDS y el PP. El exministro y exlíder de los socialistas dijo no. Y su respuesta no solo es indicativa de la falta de sintonía con su sucesor, también habla de las bajas expectativas de victoria y del temor al carisma de la alcaldesa Manuela Carmena.

En la Comunidad de Madrid ya han empezado a sonar las alarmas. En el 2015, el exministro de Educación Ángel Gabilondo mejoró los resultados del partido en el 2011 pese a la irrupción de Ciudadanos y Podemos y se quedó a un escaño de poder gobernar con el apoyo de este último. El análisis en aquel momento fue el de que la candidatura municipal, encabezada por Antonio Miguel Carmona, había sido un lastre. El PSOE obtuvo en la ciudad el peor resultado de su historia. Ahora, el reputado catedrático de Metafísica confiaba en crear un tándem virtuoso, pero, según fuentes de su entorno, empieza a desesperar.

Casado lo deja para el final

El atractivo de Carmena como cabeza cartel para el consistorio madrileño también es un elemento que le complica al PP la elección de un candidato que acepte el reto. Los datos que manejan en el partido reflejan la fuerza electoral de la actual alcaldesa y dejan entrever la dificultad de entrar en la contienda. «Carmena se cae y toda la ciudad está en vilo», resumen fuentes de la formación conservadora. Pero los populares, además, están obligados a buscar un perfil que, sin perder de vista el centro derecha, neutralice el potencial de crecimiento de Vox en determinados distritos de la capital.

La designación, por lo tanto, no es sencilla y Pablo Casado ha resuelto que los nombres para el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid serán los últimos que desvele, a mediados de enero. En la dirección nacional del PP barajan la fecha del fin de semana del 13, el previo a su convención programática, para la presentación de estos aspirantes. En todo caso, el hermetismo de la cúpula no ha evitado que en las filas conservadoras se señalen opciones para los dos puestos.

El nombre del vicesecretario de Organización, Javier Maroto, se cuela en los corrillos del PP desde el mes de octubre para pugnar por el Ayuntamiento, pero ahora, además, comienzan a sonar como alternativas con el objeto de plantar cara a Vox la expresidenta del PP vasco, María San Gil, o la exdiputada Cayetana Álvarez de Toledo, integrante del patronato de FAES. Distanciadas ambas del partido bajo la batuta de Mariano Rajoy, ahora podrían encajar en el proyecto de Casado. En cuanto a la comunidad, siguen en las quinielas el alcalde de Boadilla del Monte, Antonio González Terol, y, aunque según las fuentes consultadas no parece probable, Adolfo Suárez Illana. En todo caso, en la formación recuerdan que será en Génova donde se tome la decisión.

Siempre cabría la posibilidad de apostar por la continuidad. De momento, Casado se ha limitado a destacar el trabajo de José Luis Martínez Almeida como portavoz del Ayuntamiento y de Ángel Garrido como presidente de la comunidad. Pero fuentes del PP creen que Madrid es la plaza más relevante y que el nuevo líder se juega en esta elección buena parte de su crédito.

En cuanto a la candidatura para las elecciones europeas se dejará para más adelante. El entorno de Casado asegura que su intención es retrasar hasta un mes antes de los comicios -quizás, algo más- el anuncio del cabeza de cartel.

Ciudadanos pretende pactar con los críticos de Pedro Sánchez

Quiere huir del modelo andaluz para evitar los tripartitos con el PP y con Vox, y buscará a los socialistas molestos

M. E. Alonso

Andalucía se ha convertido en una especie de laboratorio de pruebas de lo que puede suceder en las próximas citas electorales, pero desde ópticas diferentes. La irrupción de Vox y su trascendencia en la composición de un nuevo gobierno se interpreta desde el PP como «el preámbulo de nuevas mayorías constitucionalistas». En cambio, para Ciudadanos, la fotografía con la formación de Santiago Abascal es demasiado incómoda y se abre a acuerdos con los socialistas para recuperar su imagen centrista.

«Siempre es mejor perder votos, o incluso el gobierno, que traicionar los valores democráticos», advirtió a la dirección naranja el ex primer ministro francés Manuel Valls el mismo día que Vox posibilitó que su diputada Marta Bosquet se convirtiese en la presidenta del Parlamento andaluz. El político galo, que será candidato a la alcaldía de Barcelona con el apoyo de Ciudadanos, es una de las voces más críticas con la irrupción de Vox en el tablero político. Pero no la única. Dentro de la formación liberal hay sectores que dudan de la conveniencia de tragar con este partido, que para muchos representa lo mismo que el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia. Además del aviso de Valls, Rivera ya ha recibido el del presidente del grupo liberal en el Parlamento Europeo, Guy Verhofstadt, sobre la inconveniencia de acercarse a Vox con las elecciones europeas dentro de cinco meses.

Pero la dirección de Ciudadanos defiende ante sus socios europeos y ante la opinión pública que el pacto en Andalucía se negocia en todo momento con el PP. «No va a haber tripartitos», insistió el pasado viernes el secretario general, José Manuel Villegas. En la formación han dejado claro que el modelo de acuerdo que están intentando cerrar en esta comunidad no lo van a exportar como norma general al resto de España sino que estudiarán todos los escenarios políticos. Priorizarán pactos «entre constitucionalistas, centrados, de progreso y reformistas» en los que los populares no se convertirán de forma automática en socio preferente y mirarán hacia el «PSOE no sanchista». Con figuras como Emiliano García-Page, Javier Lambán o Guillermo Fernández Vara no existiría ningún problema en Ciudadanos a pactar con ellos si los números dan. Y tampoco a desalojarlos si la suma es con el PP. Uno de los criterios que regirá en esas decisiones será, al igual que en Andalucía, la apuesta por el cambio de Gobierno lo que facilitaría un acuerdo con el PSOE por ejemplo en Castilla y León.

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