Nuevo protocolo para excarcelar a presos muy graves

La medida impulsada por el ministro Grande- Marlaska llega en plena polémica por la situación de Zaplana

El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska junto a la ministra de Justicia, Dolores Delgado
El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska junto a la ministra de Justicia, Dolores Delgado

MAdrid / Colpisa

El Ministerio del Interior se ha propuesto acabar con la disparidad de criterios a la hora de excarcelar a los reclusos con enfermedades «muy graves», afecciones incurables o en fase terminal. Instituciones Penitenciarias acaba de poner en marcha un exhaustivo protocolo para clasificar las dolencias de esos presos. Una herramienta que, en principio, facilitará la puesta en libertad de un mayor número de internos. Interior ha decidido abordar esta reforma en plena polémica por la negativa a la excarcelación de Zaplana, en prisión preventiva desde mayo de este año y aquejado de una leucemia. Instituciones Penitenciarias ha puesto en marcha la directiva, que deroga «expresamente» la emitida en febrero del 2017 por el entonces máximo responsable de prisiones, el popular Ángel Yuste, muy cuestionada por partidos, organizaciones sociales, abogados, médicos y familiares de reclusos que se quejaban de que para establecer la «terminalidad» no se tenía en cuenta que además del temporal existen otros factores como la edad, enfermedades concomitantes, complicaciones agudas o efectos secundarios de los tratamientos.

Ahora, habrá un protocolo para valorar el estado de salud real de esos presos para determinar si, tal y como exige el Código Penal para la excarcelación inmediata, existe un «peligro patente para vida del interno» o un «padecimiento incurable, pero que no conlleva un peligro patente para la vida». La gran novedad es el formulario tipo que se incorpora como anexo para valorar el estado del recluso. En ese documento, por primera vez, se ordena a los profesionales médicos que, además de aventurarse a vaticinar cuánto tiempo de vida le queda al interno, valoren también la «calidad de vida actual». Los médicos deberán hacer un «pronóstico actual estimado» eligiendo entre tres posibilidades: «peligro patente para la vida/terminal» («el fallecimiento puede producirse a muy corto plazo»), «desfavorable a corto plazo» (entre seis meses y un año de vida) y «desfavorable a medio plazo» (entre uno y cinco años). Pero los especialistas ahora deberán ir mucho más allá de las expectativas temporales vitales y valorar también qué tipo de vida puede llevar el preso enfermo si sigue en prisión. Los casos de los internos preventivos (como Zaplana) en los que no cabe clasificación serán remitidos a la «autoridad judicial» para que decida sobre su excarcelación, aunque ahora con muchos más datos que antes.

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