Vuelco histórico en Andalucía: el PSOE se hunde, la derecha gana

La irrupción de Vox y la subida de C's palían la caída del PP y suman entre los tres una mayoría absoluta que aleja del Gobierno a Susana Díaz tras un retroceso sin precedentes de la izquierda


Redacción / La Voz

Fue un vuelco histórico. En Andalucía y en España. Batacazo sin precedentes para el PSOE y para la izquierda andaluza en general, que obtiene sus peores resultados de la historia. Lo que permite a las fuerzas de la derecha conseguir por primera vez la mayoría absoluta en la única comunidad que hasta ahora había sido gobernada siempre por el mismo partido, el socialista. Y por si faltaban ingredientes al menú, un partido de ultraderecha, Vox, irrumpe con fuerza y se instala en el Parlamento andaluz con doce escaños. Desde los tiempos de Blas Piñar, al inicio de la Transición, la extrema derecha no lograba representación parlamentaria en España, que también en esto deja de ser diferente. Al igual que en el resto de los países europeos, la ultraderecha es ya una fuerza más en el tablero político. Y no se puede desdeñar su fortaleza.

 

El día comenzó con el sobresalto de la falta de papeletas en Sanlúcar de Barrameda, lo que retrasó la apertura y el cierre de los colegios en esta localidad gaditana y obligó a retener los datos del escrutinio hasta las diez de la noche. Cuando se conocieron los primeros datos oficiales, con el 82 % del voto ya escrutado, el terremoto político fue aún mayor de lo que había pronosticado el sondeo dado a conocer al cierre de los colegios. Al final, los tres partidos de derecha (PP, Ciudadanos y Vox) acabaron sumando 59 escaños, cuatro más que la mayoría absoluta.

Susana Díaz fracasa

El PSOE se mantiene como la fuerza más votada y es el primer partido en siete de las ocho provincias, todas menos Almería. Pero el de Susana Díaz es un fracaso sin paliativos. Adelantó los comicios con la intención de no verse salpicada por la próxima sentencia del caso de los ERE, pero ni aun así ha logrado evitar una debacle de la que, además, es única responsable. Con el 28,02 % de los votos y 33 escaños, empeora sus propios resultados del 2015 (siete puntos y 14 escaños menos), que ya eran los peores de la historia para su partido en unas autonómicas. Pero es que también se queda tres puntos por debajo de los resultados del PSOE en las generales del 2016, en las que el candidato era Pedro Sánchez. Y las noticias para el presidente del Gobierno son igual de malas. Si ya lo tenía complicado para agotar la legislatura, ahora se verá obligado a escoger entre Guatemala y Guatepeor. Sea cual sea el escenario electoral que se plantee: comicios en primavera o en otoño próximos.

La presidenta andaluza en funciones tiene escasas posibilidades de repetir en el cargo, salvo un harto difícil cambio de posición de Ciudadanos para facilitar un Gobierno socialista que también necesitaría el apoyo de Podemos. No parece probable, porque el coste para las expectativas de Albert Rivera en el resto de España sería inasumible.

Si terribles son los resultados para el PSOE, no son mejores para Podemos, aunque a Pablo Iglesias siempre le queda el consuelo de que quien ha dado la cara en Andalucía ha sido Teresa Rodríguez, cualificada dirigente de Anticapitalistas, corriente abiertamente enfrentada a Iglesias. Sea como sea, la suma de Podemos e Izquierda Unida ha retrocedido cinco puntos porcentuales y tres escaños. La fractura y la guerra a muerte en el seno de la izquierda ha acabado por hundir a las dos fuerzas de este espacio político. Una complicación más para Pedro Sánchez a la hora de plantearse el futuro inmediato.

Casado salva los muebles

Pablo Casado se la ha jugado personalmente en la campaña electoral. Y aunque el resultado del PP empeora respecto al 2015 (seis puntos y siete escaños menos), logra salvar los muebles al quedar claramente en primer lugar de la derecha contra los pronósticos de muchas encuestas que colocaban por delante a Ciudadanos. Y no solo eso: por primera vez en la historia está en condiciones reales de poder gobernar en Andalucía, algo que se les ha resistido tanto a Aznar como a Rajoy. En su primera cita electoral como presidente del PP, colocar en el palacio de San Telmo, sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, a Juanma Moreno sería todo un éxito, aunque sea al precio de tener que apoyarse en un partido de ultraderecha. Pero ya había advertido que no le haría ascos al respaldo de un partido que se niega a calificar públicamente de extrema derecha, con el que dice coincidir en su defensa de España y que acoge en su seno a muchos votantes del PP.

Sube C's, y aún más Vox

Más dificultades tendrá para fijar su posición Ciudadanos. Aunque festejó los resultados como un día histórico por el cambio en Andalucía, y duplicó su apoyo electoral, que se tradujo en doce escaños más que el 2015, se quedó muy lejos del sorpasso al PP. Es decir, buenos resultados, pero por debajo de sus expectativas declaradas. Y ahora se verá en el dilema de respaldar un Gobierno de los populares, con el apoyo de Vox, y asumir así un rol de segundón en la derecha, o volver a salvar a los socialistas. Tremendo dilema para Rivera.

Donde anoche reinaba la felicidad más absoluta era en la sede de Vox. Superaron incluso las expectativas más optimistas al multiplicar por 25 sus resultados de hace tres años, para alcanzar un 10,96 % de los votos y 12 escaños. Su candidato, Francisco Serrano, un juez sancionado por prevaricación, tiene en su mano la llave que puede darle el Gobierno a Juanma Moreno. Y, sobre todo, la palanca para catapultar al Congreso a Santiago Abascal en las próximas elecciones generales.

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