El repunte migratorio desde África sigue aún lejos de crisis precedentes

Sánchez busca el apoyo de Marruecos, pero Rabat intenta lograr más fondos de la UE

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madrid / colpisa

Desde el pasado junio, España se ha convertido en la principal ruta de migrantes que intentan alcanzar Europa por mar. Supera a Italia, cuyo ministro del Interior, Matteo Salvini, se pavonea de haber cerrado con candado sus puertos, y a Grecia, que ha visto reducida las llegadas a sus islas tras el controvertido acuerdo entre la UE y Turquía.

Los últimos datos de la Organización Internacional para la Migración de Naciones Unidas señalan que, desde el 1 de enero al 29 de julio, han arribado a España a través del Mediterráneo 22.858 personas, 1.195 más que las contabilizadas en todo el 2017. Según las cifras de la ONU, al menos 307 migrantes han perecido ahogados en el intento, por los 223 que lo hicieron a lo largo del pasado año. Datos como estos explican que el último CIS refleje que la preocupación por la inmigración se ha triplicado en apenas un mes entre los españoles. El gran número de llegadas ha colapsado el sistema de acogida y ha obligado a tomar decisiones de urgencia.

En paralelo, se ha recrudecido la guerra política. El Gobierno acusa al Ejecutivo de Rajoy de no haber tomado medidas ante una situación previsible, mientras que PP y Ciudadanos denuncian un efecto llamada a raíz de la acogida del Aquarius o el anuncio de la retirada de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla.

¿Existe el efecto llamada sobre el que alertan Casado y Rivera? Para el Gobierno socialista, no. Tampoco para Carlos Arce, coordinador de migraciones de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha): «No sé que es más peligroso, que quienes dicen que existe un efecto llamada sepan que es falso y aún así lo digan por interés político o que no sepan que están equivocados y estemos en manos de unos indocumentados».

Ramiro Muñiz, portavoz de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) tampoco cree que hubiese un cambio en el flujo migratorio, y se limita a hablar de «un pequeño incremento de llegadas». El cooperante de la Apdha va más allá y zanja que tampoco estamos ante una nueva crisis migratoria. Se remite a los números. En el 2015 llegaron a la UE un millón de personas; en este 2018 se prevé que lo hagan unas 100.000. En lo que respecta a España, las personas que han llegado a las costas españolas son un 45 % menos de las que lo hicieron durante la crisis de los cayucos del 2006. No obstante, el incremento del número de migrantes en España con respecto a los años precedentes es innegable.

El Ejecutivo busca soluciones

«Cuando un migrante llega a Tarifa no está pisando España, sino la UE», recordó Pedro Sánchez el viernes. Las instituciones comunitarias son sensibles a esta reclamación, pero la mayoría de países del este no quieren oír hablar de involucrarse en soluciones globales. España cuenta con la comprensión de Macron y Merkel. También con la de Juncker. El presidente de la Comisión Europea anunció al jefe del Ejecutivo el desbloqueo de 55 millones para mejorar el control fronterizo en Túnez y Marruecos. No obstante, se trata de una victoria pírrica para Madrid, que reclama una mayor implicación.

Los ministerios de Trabajo y Migraciones, Exteriores e Interior han multiplicado los contactos con los países de origen y tránsito. Destaca Marruecos, la clave de bóveda. Sánchez aún no ha visitado el país vecino, pero miembros de su Gobierno han mediado para que se aplique a fondo. Pero Rabat está celosa a cuenta del acuerdo entre la UE y Turquía, por el que Ankara recibe 3.000 millones, cifra muy superior a los 27 que ofrece Bruselas.

Las nuevas instalaciones solucionan el atasco para las identificaciones

Con un pequeño pícnic de desayuno, cortesía de los cientos de vecinos de la zona que se han volcado en las últimas semanas, ropa limpia y un kit de aseo, los primeros 110 inmigrantes alojados durante días en un polideportivo de Algeciras empezaron a ocupar el jueves el nuevo Centro de Acogida Temporal de Extranjeros (CATE). Unas instalaciones que aliviarán el tapón en el que se había convertido el proceso de identificación de los miles de extranjeros llegados en las últimas semanas, y que provocó que muchos de ellos terminaran durmiendo al raso en las cubiertas de los buques de salvamento.

El viento ha dado una leve tregua en las llegadas de pateras permitiendo reorganizar los recursos en los municipios más saturados con inmigrantes que, tras llegar a puerto y someterse a una rápida evaluación médica, pasaban a manos de la Policía para su identificación y apertura de expediente de expulsión.

Una macrocomisaría

Ahora, el CATE será el eje de protocolo de actuación: una especie de macrocomisaría, donde la Policía prevé realizar hasta 500 identificaciones diarias. Una vez superado este trámite, los inmigrantes tendrán destino según su procedencia.

Con los magrebíes, los convenios permiten la repatriación en unos días. Con los subsaharianos, sin embargo, es más difícil verificar su procedencia, de ahí que simplemente se les entregue un documento con la orden de expulsión por una falta administrativa y pasen a unos CIES saturados o a la calle, incorporándose al sistema de acogida de las oenegés.

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