madrid / colpisa

El comité organizador del congreso extraordinario del PP y la dirección del partido son reacios a organizar el debate entre los dos candidatos a la sucesión de Rajoy. En el PP confiesan su temor a que ese duelo ahonde la división en el partido, a duras penas contenida tras la celebración de las primarias entre los militantes la pasada semana. Pablo Casado, sin embargo, insiste en pedir el debate, mientras que Soraya Sáenz de Santamaría dice que no va a rehuir el cara a cara, pero duda de su utilidad porque lo sensato, a su entender, es acordar una candidatura de integración.

La sensación en el equipo de la exvicepresidenta, pero también en otros dirigentes de peso en el partido, e incluso en el comité organizador, es que no va a haber debate entre los dos aspirantes al relevo. Entre otras razones aducen que no puede haber un debate de ideas para un congreso que no es ideológico y que se va a limitar a que los compromisarios voten al nuevo presidente del partido. Además, argumentan que el corpus ideológico del PP ya quedó fijado en el cónclave del año pasado. Pero sobre todo está el miedo a la fractura del partido con la creación de familias irreconciliables, una lacra que persiguió a la Alianza Popular de Manuel Fraga, y que lo condenó a largos años en la oposición, solo superada con la refundación en el PP y la llegada de Aznar.

Dos dirigentes significados, como el coordinador general, Fernando Martínez Maíllo, y el portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, se mostraron contrarios a un debate que solo puede tener consecuencias divisorias. «No lo veo necesario, la dirección del partido no lo ve necesario», remarcó Maíllo. Si al final se celebra el debate, pronosticó, «los encantados» serán los rivales del PP. Hernando reclamó a Sáenz de Santamaría y a Casado que piensen en el partido y formen un equipo en vez de buscar las debilidades en un debate.

En el comité organizador dieron largas a la petición de Casado. El presidente, el eurodiputado Luis de Grandes, dijo que estudiarán la oportunidad de hacerlo, pero señaló que la responsabilidad del comité es «ponderar qué es lo mejor para el partido». Mostró su escaso entusiasmo por la idea recordando que los debates no están recogidos en los estatutos del PP y, por tanto, la decisión de organizarlo se tomará «cuando proceda».

Pero al margen del debate, los dos aspirantes están enzarzados en una sorda disputa por los 3.184 compromisarios del congreso que tendrán la última palabra. La búsqueda de apoyos va «entre bien y muy bien», apuntaron fuentes de la candidatura de Sáenz de Santamaría con el optimismo habitual en estos casos. La misma sensación rezumaba el equipo de Casado, que se jactaba de no haber pedido el apoyo de ningún «peso pesado» del partido. Aunque dicho eso, apareció la expresidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre para decir que desconocía «la ideología» de la exvicepresidenta pero le «llena de ilusión» la de Casado.

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Pelea en el PP por la celebración del debate entre Casado y Santamaría