Feijoo, estrella del día en la convención

Dispara su cotización entre las bases del partido sacando a relucir su discurso más regionalista e invitando al Xacobeo a todos «los que quieren marchar de España»

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sevilla / enviado especial

El hundimiento de Cristina Cifuentes ha disparado la ya de por sí elevada cotización de Feijoo como el candidato mejor preparado para la sucesión de Rajoy al frente del PP. Siguiendo el principio de Pascal, su valor se hubiese incrementado ya de por sí con el descabalgamiento de la presidenta madrileña, pero es que a mayores, durante su participación en la convención nacional que organiza su partido este fin de semana en Sevilla, acabó de conquistar a buena parte de los más de 2.500 cargos que se dieron cita en la ciudad hispalense. Lo hizo con ese discurso regionalista que tanto gusta al otro lado de los Ancares y que podría simplificarse en el arranque de su intervención. El presidente de la Xunta ensalzó dos paisajes gallegos que localizó de un vídeo propagandístico que se repite en bucle. «Hay un bosque de carballos de Lugo y la playa de A Lanzada, en Sanxenxo», destacó ante un auditorio remolón, aquejado por la larga noche sevillana. De inmediato hizo referencia a la encina, aceptando de buena manera el símbolo escogido por el partido para este gran evento, árbol que no abunda en tierras gallegas. «Somos gallegos. Es nuestra forma de ser españoles. Y europeos», proclamó orgullos el presidente de la Xunta.

Por segunda vez en cuatro meses, Feijoo actuó como motivador de un partido desmoralizado. A lo largo de la mañana fue el único que consiguió poner en pie a un auditorio cada vez más completo. Se trata de la segunda ocasión que en plena crisis insufla aire a su partido. Entonces fue en plena resaca electoral catalana en un desayuno informativo en la capital española, y tocó casi el mismo repertorio de ayer. Compartió su receta triunfal del PPdeG, asegurando que es el partido que más se parece a Galicia, y de paso lanzar una advertencia a Ciudadanos. «Ni los nacionalistas me van a decir cómo ser gallego, ni Ciudadanos cómo ser español», manifestó Feijoo. Para rematar su intervención, cursó una invitación al Xacobeo para «todos los que votan un socialismo antiguo», y también a aquellos «que se quieren marchar de España».

«¿Quién igual al Feijoo?»

En un rincón de la grada se encontraba un grupo de cuatro catalanes a los que este periódico les preguntó qué les había parecido el discurso del presidente gallego. «Un 12 sobre 10. ¿Quién igual al Feijoo?», se preguntaba el primer teniente de alcalde de Orgañá. «Es líder. Si es que Rajoy al final plegase…». Le interrumpió el presidente del PP de Valls, afirmando que para un hipotético relevo al frente del partido «no puede ni compararse con ningún otro». A Feijoo no le gusta este tema sucesorio, pero las bases querían llevarlo hasta Maestranza solo para sacarlo por su puerta grande.

De Diego Gago a Portomeñe, retrato del PPdeG en Sevilla

f. B.
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Aplaudieron a rabiar a Feijoo en dos ocasiones: tras su discurso y cuando inmortalizó el viaje de la expedición gallega

El histórico Torres Colomer, en la actualidad senador por el PP, apura el desayuno de su hotel en Sevilla para llegar puntual a la comparecencia de Feijoo. El grupo del que forma parte se impacienta mientras espera por un taxi. Ya de camino, destaca la presencia de un cruceiro oculto tras un kiosco de la ciudad hispalense que por un instante le acerca a Ribeira.

El auditorio presenta media entrada debido a la pasada noche de juerga, un tentación irresistible para los más jóvenes, pero no falta ningún gallego. Miguel Tellado, secretario general del PPdeG, pasa lista. Aquí vienen los senadores, en este lateral están los diputados... Llega Baltar al frente de la delegación ourensana, que se sitúa en el mismo sector en el que está Diego Gago, presidente de Nuevas Generaciones. El joven político gallego se encuentra solo una fila por delante de los guardianes de las viejas esencias del partido: Xesús Palmou y Vázquez Portomeñe, que a sus 82 años no se pensó ni un solo instante subirse a una furgoneta junto al conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, y otros compañeros para pegarse una paliza de más de 800 kilómetros. Allí apareció, con la insignia de Pelegrín, la mascota del Xacobeo 93, prendida de su chaqueta.

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