Arrimadas gana el debate de La Sexta y la CUP arrincona a ERC

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En el Reino Unido existe la costumbre de que cada partido inicie el curso con una conferencia política. Este año la de los tories era crucial, porque era el arranque del curso en el que se dibujaría la arquitectura del brexit. El batacazo de Theresa May fue monumental, y parte de la culpa la tuvo una tos nerviosa que le hizo añicos el discurso. Janet Daley, columnista estrella del conservador The Telegraph, la sentenció en la crónica del día siguiente: «La tos de May es una metáfora de todo su liderazgo. Está acabada». Inés Arrimadas pudo acabar su carrera política anoche. Cuando llevaba hablando diez segundos de debate, empezó a toser y no pudo parar. El realizador cambió de plano y Ana Pastor le dio la palabra al resto. Pero cuando acabaron las intervenciones individuales y comenzó el debate en sí, en el plano abierto seguía sin aparecer Arrimadas. Solo se oía el eco de su tos. A cuatro días de las elecciones, haber desertado habría sido fatal. Pero no solo regresó, con mala cara, aspecto de haberlo pasado mal y maquillada de nuevo a toda prisa, sino que fue capaz de ganar y demostrar que puede ser presidenta.

El resultado de un debate se mide inevitablemente en base a las expectativas que genera cada candidato. Así, de Miquel Iceta (PSC) se esperaba que demostrara su superioridad. Que convenciera al votante unionista de que puede ser mejor president que Arrimadas. También era la puesta de largo, quién sabe si el inicio de una carrera presidenciable, de Carles Mundó (ERC), el conseller que compartió celda con Oriol Junqueras, y que acudía al debate en sustitución de Marta Rovira, escondida tras varios tropiezos. Ambos fracasaron. Iceta estuvo reservón, intentando que no le salpicara la refriega de Albiol (PP) y Arrimadas con el resto. Su partido no se juega ahora, sino a partir del 22, cuando intentará hacer posible la carambola de la serie danesa Borgen. Es decir, convertirse en presidente de consenso aunque quede cuarto. Mundó directamente se hundió. Josep Rull (JxCat), que también estuvo un mes en la cárcel de Estremera, le comió la tostada indepe, y el representante de la CUP, Vidal Aragonés, lo dejó en evidencia. La CUP tiene una cantera de políticos inagotable. Aragonés, un perfecto desconocido, marcó desde su primera intervención el ritmo del debate. Primero puso al soberanismo frente al espejo de la realidad, obligándole a caer en la gran contradicción de querer salir de la cárcel y mantener la hoja de ruta secesionista. En el arranque, Mundó había respondido a preguntas de Pastor que, «obviamente, la vía unilateral no se contempla». Aragonés tomó nota y en cuanto le dieron la palabra dijo: «Acabamos de escuchar del representante de ERC que la unilateralidad no se contempla. Eso es no cumplir con el mandato del 1-O. Ese mandato significa implementar la república, un elemento esencial para que la CUP pueda llegar a acuerdos con las fuerzas soberanistas». KO en el primer asalto, con el resto de contendientes de espectadores. Mundó reaccionó con bastante sinceridad, con una explicación que acabó de perfilar el callejón sin salida en el que se ha metido el mundo indepe: «No entiendo la incisividad de la CUP con ERC. Está claro que es más fácil recetar que tomar. Los que hemos tomado semanas de prisión, tenemos que poner algunas afirmaciones en el contexto de la realidad».

En un posterior asalto, Aragonés salió en tromba con el debate social, aparcado hasta ahora en campaña. Y al mismo se sumó Arrimadas, con el argumento de que el Gobierno de Puigdemont gastó 44 millones en el ministerio de Exteriores de Romeva y 0 en escuelas infantiles. A partir de ahí, el debate derivó en batalla campal: todos contra los dos consejeros cesados. Salió peor parado Mundó, porque intentaba replicar. Rull, en su papel de futbolista marrullero, se defendía dando patadas en la espinilla, intentando en cada intervención regresar al monotema del 155. Domènech, que acusó a la CUP de votar los presupuestos de Convergència, y Albiol, flojísimo, solo convencieron a sus fieles.

Ganó Arrimadas, que ofreció imagen de que puede ser presidenta y ese era el objetivo. Además, Mundó le dio votos a Puigdemont y se los quitó a Junqueras. Ciudadanos navega con viento de cola.

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