La otra campaña: Entre la manifa y el feirón

La calle manda en la carrera del 21D, da igual si la plaza donde lanzar el mensaje está en Bélgica o en el arrabal barcelonés


Redacción / La Voz

El guion surrealista catalán da sus giros pero siempre dentro del escenario que establecen las coordenadas del sainete y la dramaturgia épica. Aquí no tiene cabida aquella mítica apelación de Julio Anguita ¡Programa, programa, programa! Lo decía en su cuenta de Twitter el economista en los márgenes Vicenç Navarro, hace algún tiempo convertido en uno de los ideólogos de Podemos: «Hoy denuncio la falta de atención que realizan la mayoría de los partidos en Cataluña en esta campaña electoral de los temas sociales que beneficia primordialmente a las derechas tanto españolistas como independentistas». A la espera de que el primer gran debate televisado ayer ofreciese alguna pista programática, toda la fuerza de las ideas y los proyectos se iba en ocupar las calles y agitar banderas, eslóganes y otras consignas menos elaboradas. Tanto ruido...

Y en Bélgica no están hechos a esto, son gentes de costumbres, de acostarse temprano, de conversaciones sosegadas en el ámbito de lo privado. Por supuesto, no son flamencos ni valones los que abrieron sus balcones para dedicarles el Que Viva España a los congregados del #RoadToBrussels. Mística refinada y cultura popular de base se enfrentan en este 21D: la manifa en defensa de la democracia y contra el franquismo -que los bomberos secesionistas aprovecharon para donar su sangre en Bélgica por la acogida solidaria- y el feirón. No había más que ver a Xavier García Albiol en su cómodo paseo por la feria de Sant Boi del Llobregat, entre payos y gitanos, entre sonrisas, abrazos y cajones de ropa interior (ah, y los leggins en oferta). Un talante que ha de llevarlo a dejar a un lado y definitivamente ese ¡A por ellos! más propio del lenguaje parabélico del partido de solteros contra casados que de una campaña electoral en la que haya trabajado un bien pagado equipo de asesores.

El buen rollo, el humor, no debe en todo caso impedir tomarse lo suficientemente en serio el oprobio de las comidas flatulentas que hubo de sufrir en la prisión de Estremera el exconseller Josep Rull -al que solo reconfortaba algún que otro capítulo de La que se avecina-. Tampoco debe minusvalorarse el hecho de que su compañero de celda Jordi Turull -probablemente alentado por la pujanza de la caravana del lazo amarillo- haya sido sorprendido tratando de renovar un pasaporte español caducado. El juez le había prohibido salir de «territorio nacional», pero, claro, quién sabe, entre tanta confusión paneuropea, dónde están los límites de la nación.

Si el asteroide Phaethon 3200 sabe lo que le conviene pasará de largo al ver tamaño atasco y también cómo preparan la comida de Navidad en casa de Inés Arrimadas después de que su cuñado, Jordi Cima, llamase fachas a Albert Rivera y sus Ciudadanos. ¿Acudirán los bomberos de declararse un fuego familiar en la mesa navideña de Arrimadas?

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