Puigdemont ahora teme el descontrol

A punto de responder a Rajoy si declaró o no la independencia, el presidente catalán apela al «civismo, la serenidad y la paz», mientras la CUP y ANC buscan llevar la crispación a la calle

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La Voz en BARCELONA

El independentismo catalán es consciente de que la calle es vital para marcar la velocidad e intensidad de sus planes. Y por eso los partidos y entidades soberanistas más extremas quieren desplegar fuera de las instituciones su escenografía para forzar la ruptura.

Conscientes de los riesgos de trasladar a la calle la toma de decisiones, el presidente de la Generalitat y su Gobierno lanzaron ayer diversos mensajes clamando por la «serenidad», el «civismo» y la «paz». Sin adelantar cuál será la respuesta que hoy dará al requerimiento hecho por Mariano Rajoy para especificar si declaró o no la independencia de Cataluña, Carles Puigdemont llenó su discurso ante la tumba de Lluís Companys de llamadas a la prudencia, gesto interpretado como un adelanto de que por su parte hoy no habrá una respuesta rotunda.

El temor al descontrol que dejó traslucir Puigdemont con su intervención en el homenaje a su antecesor, fusilado hace 77 años, fue compartido también por el vicepresidente de la Generalitat y presidente de ERC, Oriol Junqueras, que en su caso reclamó «serenidad, mucha serenidad», como expresión de «astucia» ante el cruce de decisiones que el Gobierno central y el autonómico se verán obligados a tomar entre hoy y el jueves. A las diez de esta mañana concluye el plazo dado por Rajoy al presidente catalán para que especifique si la declaración de independencia es oficial y, en caso de que no responda, lo haga con ambigüedad o diga que sí, el jueves debería rectificar para frenar la vía del artículo 155 de la Constitución, con el que se recortaría la capacidad de decisión y gestión de la Generalitat.

Tomar la calle

Las llamadas de los dos mandatarios a la calma no son casuales. Los denominados comités de defensa del referendo (CDR), vitales en la planificación y desarrollo de la consulta ilegal del 1-0, se declaran preparados para tomar la calle en caso de que se intervenga la Administración catalana o se acabe por decretar el ingreso en prisión de algún representante político autonómico, como puede ocurrir hoy de manera preventiva con los dos cuadros de los Mossos llamados a declarar en la Audiencia Nacional junto a los líderes de ANC y Òmnium Cultural.

Y si los CDR ultiman una acción continuada en la calle, también ha anunciado su disposición a la movilización la Plataforma de Universidades por la República. La CUP amenaza al mismo tiempo a Puigdemont con abandonar el Parlamento, y dejarle así sin mayoría en la Cámara autonómica, si no da por activada la declaración de independencia o, cuando menos, no admite la celebración de un pleno esta misma semana (reclaman que sea el miércoles), para oficializar de manera solemne una ruptura con el resto de España. La convocatoria de un paro prolongado también está encima de la mesa de las entidades secesionistas.

La Asamblea Nacional de Cataluña puso ayer en marcha una nueva campaña para llenar todos los municipios de mensajes de «Hola república», extendiendo la idea de que la independencia está ya vigente.

Elecciones y economía

La salida al conflicto a través de nuevas elecciones autonómicas es reclamada con insistencia por Ciudadanos, el principal partido de la oposición en Cataluña, y también por el PSC, las dos formaciones convencidas de poder recoger gran parte del voto no independentista. Los socialistas han sido muy criticados por el soberanismo por su postura de apoyo a Rajoy y la posibilidad de que se active el artículo 155, y ayer sus representantes fueron abucheados en el homenaje a Companys. A gritos de «botiflers», como se llamaba a los partidarios de Felipe V en la Guerra de Sucesión, los representantes del PSC fueron acosados por los independentistas. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, recibió también por su parte las críticas del PDECat, exigiéndole que «abandone su equidistancia».

La posibilidad de resolver el conflicto a través de unas elecciones dos años después de la celebración de las últimas es manejada igualmente por la CUP y parte de ERC, pero en ambos casos la intención de dichos comicios no es otra que formar una asamblea constituyente para dotar a Cataluña de normativa propia.

Al secesionismo Puigdemont se dirigió ayer en su primera aparición desde la declaración del martes. Al igual que Junqueras, reclamó unidad, y se comprometió a decidir hoy en función de su «compromiso con la democracia» y la consulta del 1-O.

Un escrito incautado en la Generalitat habla de «escenario de guerra»

Investigadores de la Policía Nacional y de la Guardia Civil siguen con atención los comentarios que en estos días emergen en las redes sociales para actuar ante cualquier incitación a realizar acciones fuera de la ley. Twitter ha sido escenario incluso de anuncios buscando voluntarios para «formar un ejército revolucionario» catalán.

Más relevancia, en todo caso, al haber sido puesto en manos de la Justicia, es la que se le otorga a un manuscrito encontrado por la Guardia Civil en los registros realizados en el departamento de Hacienda del Gobierno catalán, en el que se emplea terminología bélica para apuntar las posibles acciones económicas a tomar ante la posibilidad de que se llegue a dos escenarios concretos: de «guerra» y de «guerrilla».

Como ha dado a conocer La Vanguardia, el documento fue encontrado en el interior de un sobre en el despacho del secretario autonómico de Hacienda, Lluís Salvadó, y consta como remitente el director de Patrimonio, Francesc Sutrias. Los investigadores advierten que no han podido acreditar ni la autoría ni la fecha de su elaboración.

En el escrito, de dos folios, corregidos en algunos de sus párrafos, se señala las dificultades que en un «escenario de guerra» habría para garantizar tanto el pago de las nóminas a los funcionarios como a los proveedores. Retrasar el abono de facturas y recurrir a medidas excepcionales como la emisión de «bonos patrióticos» son apuntadas en dicha hoja de ruta económica si la crisis catalana se transformase en un conflicto bélico. Dejar de pagar amortizaciones de deuda al Estado y buscar un sistema para trasladar las cuentas públicas a París figuran también como pasos a dar en caso de «guerra».

Si se llegase a un «escenario de guerrillas» frente al Ejército y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, el autor o autores del escrito señalan julio del próximo año como fecha crítica, al considerar que entonces se acabaría el fondo de tesorería. No habría desde ese instante capacidad para pagar las cotizaciones del sector público.

El informe que la Guardia Civil realizó respecto al manuscrito entregado al Juzgado número 13 de la Ciudad Condal subraya, según el diario barcelonés, las notables dificultades que para Cataluña entrañaría adoptar una declaración de independencia.

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