Más ruido


Lo peor que se puede decir de la apuesta de Sánchez por la plurinacionalidad es que solo añade más ruido al griterío. El debate territorial es una disputa ya vieja que algunos han convertido ahora en un desafío ilegal al Estado de derecho. Conviene ser precisos y no mezclar las cosas para no confundir churras con merinas. La coexistencia en España de sentidos y sentimientos identitarios es una realidad innegable. El conflicto surge por su traducción en conceptos y derechos políticos. La Constitución dio una respuesta de compromiso, adecuada al espíritu y las posibilidades de la época, al diferenciar y reconocer regiones y nacionalidades, a las que concede derecho a la autonomía dentro del Estado español. Pero no el derecho de autodeterminación ni a la independencia, un principio que no reconoce ya ninguna constitución vigente y que la ONU solo prevé y admite para situaciones de descolonización, que, obviamente, nada tienen que ver con Cataluña ni con España. Y este es el quid de la cuestión, los derechos políticos, no si se habla de plurinacionalidad o de nacionalidades. Son diferencias terminológicas con las que Sánchez intentar marcar distancias políticas con el PP. Nada más. Porque su rechazo al referendo ilegal y unilateral en Cataluña ha sido siempre manifiesto, y así lo ha reconocido públicamente el propio Rajoy. Desechado el debate sobre la soberanía, que es el que pretenden los independentistas, sigue vivo el referido al reparto territorial del poder, que es el que permite la Constitución. Enredarse con cuestiones semánticas solo añade ruido en el momento más inoportuno.

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