Pese a considerar un paso adelante la propuesta de ir a un sistema de doble vuelta en la elección de los dirigentes del PP, en Madrid insisten en el voto directo del militante
27 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Pasado y futuro del PP se entremezclaron el 20 de diciembre. Horas antes de que José María Aznar eclipsara la actualidad del día con su renuncia a la presidencia de honor del partido, la cúpula de los populares había avanzado el sistema con el que aspira a elegir a los próximos líderes de la formación. Quizá los de la era posRajoy. La fórmula, bautizada como de doble vuelta, calma la reivindicación de primarias de territorios como Valencia y Madrid, aunque el PP de Cristina Cifuentes mantiene su promesa de que en su congreso regional serán los afiliados los que tengan la última palabra. Desde Génova admiten que el contenido de su propuesta, que será debatida en el cónclave de los días 10, 11 y 12 de febrero, no ha sido negociado con las organizaciones autonómicas, aunque para su elaboración se han escuchado las demandas de muchos dirigentes.
Así, el proceso que defiende el vicesecretario de organización, Fernando Martínez-Maillo, pretende aunar la filosofía de quienes reclamaban la participación directa de la militancia en la elección del líder y el concepto de democracia representativa, en el que, una vez escuchadas las bases, son los delegados los que deciden. «Es como se funciona en las elecciones generales: los ciudadanos votan a los diputados, y los diputados eligen al presidente del Gobierno», argumentan fuentes populares. El proceso que ha ideado la dirección consta, por lo tanto, de dos fases. En una primera se otorga a los afiliados que lo deseen la posibilidad de votar al candidato más idóneo para tomar las riendas del PP. Y en la última etapa, serán ya los compromisarios, seleccionados por la militancia, los que designen al presidente entre los aspirantes que hayan obtenido al menos un 10 % de los sufragios.
Apertura
A expensas de que el jueves el texto con la letra pequeña pueda ser analizado en los territorios, fuentes del PP en Valencia y Madrid celebran que al menos se haya dado «un paso» para mejorar la democracia interna. «Nos parece aceptable esa apertura, teniendo en cuenta que partíamos de una situación más cerrada», concede la coordinadora de los populares valencianos, Eva Ortiz, sin descartar que haya matices que mejorar vía enmienda en la cita de febrero. Por ejemplo, representantes de su partido piden que a los afiliados se les exija haber militado al menos un año para participar en el proceso y evitar fraudes de última hora. Pero la música empieza a sonar bien en la organización.
Del mismo modo, Cifuentes califica de muy interesante el documento y entiende que el sistema es aún «más garantista» que el de primarias. Aun así, ninguna de las dos direcciones desecha su idea original de que en sus congresos regionales decidan de principio a fin las bases, menos multitudinarias que en el partido a nivel nacional, donde aparecen en el censo 860.000 personas. El procedimiento para lograr lo que ya se hizo en su día en el PP balear consiste en igualar el número de compromisarios al de afiliados, de manera que resulte posible el método de un militante, un voto. En el caso de los populares valencianos, la organización está pendiente de tomar una decisión. En Madrid, sin embargo, la participación directa de las bases en la elección del presidente se trata de una promesa que la gestora ha sostenido desde el principio.
En realidad, en todos los niveles de la formación reconocen que no hay sistema libre de luces y sombras. Y lo que en el fondo buscan discursos como el de Cifuentes es acabar con el dedazo en la elección del líder del PP, modelo aplicado por Aznar.
Los populares descartan por ahora poner límite al mandato del líder
La ponencia política y de estatutos que el PP debatirá en su congreso nacional de febrero no recoge limitar a dos los mandatos del presidente del Gobierno. Poner un plazo a la permanencia de los cargos públicos en el poder era uno de los debates internos por resolver en este cónclave, pero la dirección no se muestra partidaria de incluir un tope en sus normas internas. «No creemos en ello», zanjó el vicesecretario de organización, Fernando Martínez-Maillo. En realidad, se trataba de una propuesta que promovió el presidente de los populares andaluces en la conferencia política que el PP celebró en julio del 2015. En el mismo marco en el que defendió la máxima de «una persona, un cargo», Juan Manuel Moreno se refirió a la limitación de mandatos como «un fundamento de renovación democrática». Su planteamiento, que no resultó controvertido en el encuentro, fijaba en ocho los años para los presidentes nacional y autonómicos e incluso para los alcaldes de las grandes ciudades. Además, se trata de un compromiso contenido en el pacto de investidura que se selló con Ciudadanos en agosto de este mismo año.
La exclusión de este principio supone no determinar el futuro de Rajoy. Aunque en la cúpula del PP admiten que lo lógico es que los presidentes enlacen solo dos mandatos, no se atreven a vaticinar las intenciones de su líder. Por ahora, la propuesta eleva de tres a cuatro años el período entre congresos. Lo que significa que el jefe del Ejecutivo será a partir de febrero el candidato automático para las próximas elecciones generales.