Después de casi un año sin Gobierno, muchos ciudadanos tienen la sensación de que es posible seguir así. La economía y la sociedad continuarán su curso natural. Las teorías neoliberales sostienen que cualquier intervención del Estado perjudica su libre juego, es la ley de la oferta y la demanda. ¿Para qué lo necesitamos entonces? Gobernar, es, según la RAE, guiar y dirigir. Necesitamos entonces, como en cualquier sistema organizado, alguien que tome decisiones. Esas decisiones son, entre otras, definir unos presupuestos equilibrados, sostenibles, con una buena planificación a corto, medio y largo plazo, que delimitarán cuál es nuestro rumbo, las reformas necesarias y la agenda económica para que los ciudadanos resulten beneficiados, y no damnificados. Necesitamos generar confianza para reducir la incertidumbre. Tener un sistema financiero fuerte en el que no se cometan los abusos de los últimos años, pues parece evidente que, al menos en este ámbito, el mercado no ha funcionado por sí solo de forma eficiente. Un Gobierno debe definir la política económica y las inversiones públicas, y decidir cuáles son los sectores clave que ayudarán al desarrollo, apoyarlos y realizar una política de I+D+i que los potencie. Es tarea también de un Gobierno mantener una sanidad y una educación de calidad para todos, delimitar cuáles son las estrategias de investigación e innovación que tenemos que potenciar. ¿Es posible conseguir todos estos objetivos sin Gobierno? No. Se podrían prorrogar presupuestos y seguir haciendo lo mismo. Sin embargo, la experiencia y el tiempo demuestran que hay decisiones que deben ser tomadas, lo cual es incompatible con el desgobierno. El piloto automático no debería nunca ser mejor que un buen equipo al mando, aunque a veces lo parezca.