El extraño caso del «niño pintor»

Ante la falta de datos sobre su paradero, la madre del joven, que hoy tendría 42 años, pide que se le declare oficialmente muerto


redacción / la voz

Hace ya casi treinta años se produjo una de las desapariciones más desconcertantes en la historia de España, cuando el 6 de abril del 1987 David Guerrero Guevara, de 13 años de edad, desapareció sin dejar rastro. El niño, aficionado a la pintura, llegó a casa del colegio, merendó y se vistió para acudir a la galería de arte malagueña La Maison, en la que exhibían uno de sus cuadros como parte de la exposición Recorriendo la Semana Santa.

Sin embargo, el menor no llegó a presentarse en la galería. Al día siguiente, sus progenitores presentaron una denuncia por desaparición, pero la completa falta de pruebas sólidas hizo imposible que la investigación policial avanzase en lo más mínimo. Los medios de comunicación bautizaron rápidamente a la desaparición como «el caso del niño pintor», debido a su afición por este arte, que compartía con su hermano. A partir de ahí, el revuelo mediático comenzó a crecer. Se llevó a cabo una manifestación por las calles de Málaga, que congregó a 10.000 personas, para reivindicar una mayor dedicación de las fuerzas de seguridad, que finalmente movilizaron todos sus recursos. Cuerpos policiales, investigadores, sanitarios y militares trabajaron conjuntamente en las labores de búsqueda, durante las cuales se escrutaron decenas de parajes, aldeas y ciudades, para no hallar ni una sola pista que ayudase a encontrar al niño.

«Lo que hace diferente a este caso es que no hay nada. Es una desaparición limpia. Sin testigos, como si se lo hubiese tragado la tierra o se hubiera disuelto en el aire. Se han planteado mil hipótesis. Se ha buscado en todos los lados. Se ha investigado cualquier pista que nos ha llegado? Nadie puede desaparecer así», señaló José Luis Calvo, por aquel entonces presidente de Prodeni, agrupación que participó en la búsqueda de Guerrero.

Sin datos

Sí que afloraron, con el paso del tiempo, indicios que podrían haber arrojado algo de luz sobre el caso, pero estos siempre se marchitaban antes de consolidarse. La primera pista surgió a finales del 1988, cuando un matrimonio español afirmó haber visto al malagueño pintando en las calles de Lisboa. Agentes españoles desplazados hasta la capital portuguesa no encontraron nada, pero la policía lusa corroboró este testimonio, afirmando que el joven se habría escondido a raíz de las noticias publicadas en la prensa lisboeta. Poco después, esta vía de la investigación quedó estancada.

Ya en agosto del 1990, la policía identificó a un ciudadano suizo de setenta años que podría estar implicado en la desaparición. El individuo, de buena posición económica, habría logrado, presuntamente, engañar o convencer a David Guerrero para que abandonase su domicilio. Esta pista tomó fuerza cuando, en el domicilio del niño, se halló la caricatura de una persona con características faciales similares a las del sospechoso. Más tarde, se supo que existía una conexión entre ambos, según el testimonio de una empleada del hotel donde estuvo alojándose el hombre entre los meses de marzo y abril del 1987, justo antes de la desaparición del niño. Sin embargo, el sospechoso había fallecido en enero del 1990, unos meses antes de llegar a identificarlo, y el registro de su domicilio en Suiza derivó en un callejón sin salida.

Ahora, casi tres décadas después, y sin nada más que incógnitas, la madre del desaparecido solicitó en los juzgados de Málaga que se declare muerto a su hijo, para poder desbloquear los bienes de su marido, que falleció hace unos meses, ya que David sigue siendo a día de hoy uno de los herederos de su padre. Este formalismo, no obstante, no supone el cierre del caso.

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