Aplausos para no dormirse

Rosa Belmonte MADRID /COLPISA

ESPAÑA

benito ordoñez

Fue tan previsible Rajoy como uno de esos tertulianos que antes de que abran la boca ya sabes qué van a decir

31 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue tan previsible Rajoy como uno de esos tertulianos que antes de que abran la boca ya sabes qué van a decir. No se puede endilgar ese rollaco a la hora de la siesta porque el padre Ángel se duerme. Estaba por la misma zona de tribuna que ocupaban Elvira Fernández (con gafas), Cristina Cifuentes y Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla y León. Los tres juntos en primera fila. En los 80 minutos que duró el discurso hubo 18 interrupciones para aplausos. Sin contar el del principio y el del final. Ninguna de las interrupciones estuvo motivada por algún momento vibrante o brillante del texto. De hecho, no todos aplaudían. José María Lasalle fue bastante selectivo con los aplausos. También a la hora de elegir el color de su americana. Tiene gracia que Lassalle y su ex Meritxell Batet llevaran una chaqueta casi del mismo color. Algo entre granate y teja. Supongo que es lo que tiene no salir de la misma casa. Volviendo a los aplausos sin ton ni son, creo que su único fin era que los propios aplaudidores no se durmieran. Era todo tan plano que no hubo lío alguno. Al final hubo un atisbo de jaleo cuando dijo que suponía que todos deseamos que España evite unas nuevas elecciones. Hubo murmullo y Ana Pastor pidió a sus señorías que guardaran silencio. La única vez. El resto del tiempo estaba más tiesa que un palo con vestido blanco. Una vez le dio la vuelta al teléfono y envió un mensaje. Mandó emoticonos. Cielos.

Pedro Sánchez y Aitor Esteban, del PNV, no paraban de tomar notas. Pablo Iglesias hablaba a la vez que Rajoy. Él tenía preparados tuits para publicar durante el discurso. Diego Cañamero hablaba con su camiseta verde. «Cero privilegios», se leía. Hubo poco rajoyismo. Si acaso cuando dijo: «Debe haber una oposición, porque alguien debe controlar al Gobierno, pero eso pasa porque haya Gobierno. Como este no vendrá solo, es evidente que o colaboramos para crearlo o no podrá haber ni Gobierno ni oposición». O esto: «El caso es que, como todo el mundo sabe, yo solo no puedo dar a los españoles lo que creo que necesitan».