Torres dice que el funcionario de Hacienda asesor de Juan Carlos I supervisaba Nóos

Afirma que se fiaba de Rubio Carbajal porque hacía las declaraciones de la familia real


Palma

Diego Torres no ceja y en dos días de interrogatorio sin reconocer ni una sola irregularidad se ha parapetado en explicaciones soporíferas y, sobre todo, trató de refugiarse bajo el paraguas de la Casa Real. Es más, culpó directamente a la Zarzuela de estar detrás del nacimiento del sucedáneo de Nóos, la fundación para niños discapacitados y excluidos sociales, que terminó convirtiéndose, como su antecesora, en una máquina de conseguir dinero de las administraciones. Así ocurrió con la candidatura Madrid 2016, que entregó a esa nueva institución 144.000 euros a cambio de nada. El imputado se sacudió cualquier responsabilidad sobre la Fundación Deporte, Cultura e Integración Social (FDCIS), creada en el 2007, cuando la Casa del Rey instó a Iñaki Urdangarin a abandonar Nóos por el escándalo ya en ciernes.

Torres dijo que la idea de que al marido de la infanta Cristina se hiciera cargo de FDCIS fue de la Zarzuela. También surgió de ahí, según él, la idea de camuflar el hecho de que Urdangarin iba a dirigir esta otra supuesta institución sin ánimo de lucro. Explicó que la operación para esconder los nuevos negocios de Urdangarin fue idea y sugerencia del asesor personal de Juan Carlos I, José Manuel Romero, conde de Fontao. Fue él quien, según Torres, dio las «órdenes» para que se creara la ficción de que esa fundación no era una iniciativa de Urdangarin. Fue el abogado del jefe del Estado, siempre de acuerdo con el imputado, el que propuso que fuera unos empresarios los que crearan FDCIS y luego invitaran al marido de Cristina de Borbón a unirse al proyecto y después le propusieran ser el presidente. Torres explicó que «desde mitad del 2005 veníamos soportando en los medios noticias negativas» por la participación de Urdangarin en Nóos y que ese malestar lo compartían el propio Romero y el secretario de las infantas, Carlos García Revenga. Romero estaba «preocupado por el impacto sobre la Casa del Rey» por esa imagen y por eso propuso que Urdangarin dejara el Instituto Nóos -lo que hizo en la primavera del 2006-, mientras se le buscaba otra ocupación. «La situación no era sostenible», remarcó Torres.

Delitos fiscales

Ni responsabilidad en FDCIS ni ninguna culpa en los delitos fiscales. ¿Por qué? Porque era también la Casa Real la que controlaba las declaraciones del entramado. Ahí Torres apuntó de nuevo a lo más alto. Explicó que toda la fiscalidad del Instituto Nóos la llevaba su cuñado Miguel Tejeiro, pero su labor era supervisada por el «alto funcionario» de la Agencia Tributaria Federico Rubio Carvajal.

El exsocio de Urdangarin adujo que se fiaba del criterio de Rubio Carvajal porque era el que hacía la «declaración de Hacienda de toda la familia real». Es más, reveló que este funcionario fue una de las tres personas que firmaron el «informe» que avalaba que don Juan le dejara a Juan Carlos I su herencia en Suiza «para pagar menos impuestos». Rubio Carvajal, insistió el imputado, era quien «velaba» y «supervisaba» los movimientos fiscales de la familia real y que, por ello, se fio de su criterio para los asuntos impositivos de Nóos. Su versión exculpatoria llegó al punto de presentarse como empresario modelo ante el fisco. «¡Mejor no podíamos actuar!», clamó.

Según Torres, Nóos estuvo sometido a «seis niveles de control» en algunos de los convenios públicos. «Teníamos una supervisión muy intensa. Informes, reportes, comités de seguimiento....», apostilló. Todo «se hizo correctamente», defendió.

Si él no hizo nada malo al frente de Nóos tampoco, por extensión, lo hizo su socio, Iñaki Urdangarin. No es que saliera en su defensa, pero no lo implicó en nada ilegal porque habría sido mancharse él mismo. Del mismo modo, hizo lo que pudo por salvar a su mujer, pero también a Cristina de Borbón. Aseguró que Ana María Tejeiro jamás tuvo responsabilidad ni en Nóos ni en sus empresas satélites. «¿Cristina de Borbón lideró alguno de los proyectos del Instituto Nóos?», le preguntaron. «No», fue su rotunda respuesta.

Embauca al tribunal, sortea al fiscal y solo pierde los papeles por las facturas cruzadas

Diego Torres logró embaucar al tribunal y consiguió escurrirse como una anguila ante las preguntas del fiscal Pedro Horrach durante dos jornadas de interrogatorios. Solo Dolores Ripoll, la abogada del Estado ya famosa por la frase de «Hacienda somos todos es solo lema publicitario», logró sacarle de las casillas con el tema de las facturas cruzadas. La letrada consiguió romper la estrategia del acusado de llevar el juicio a su campo, al de los discursos largos y a veces vacíos.

El imputado llegó a enredar a la sala hasta tal punto de que el tribunal dio luz verde a un hecho inédito en una vista oral: que un procesado, sin que medien preguntas, se dedique durante horas a explayarse con explicaciones sobre sus correos y sus facturas. Una auténtica barra libre que Torres convirtió en un monólogo interminable, sin posibilidad de contradicción y dirigiendo él mismo qué documentos se exhibían.

El exprofesor de Esade fue sorteando las trampas del fiscal, que durante más de doce horas le puso solo en algún momento en un aprieto. Quien terminó perdiendo los nervios fue Pedro Horrach, incapaz de lograr nada. Pero Torres se topó con Ripoll y, sobre todo, con las facturas supuestamente falsas e hinchadas para vaciar las arcas de la fundación en favor de las empresas de Urdangarin y de él. El imputado no pudo dar una explicación plausible de por qué esas empresas emitieron 425 facturas cruzadas con Nóos entre el 2004 y el 2008 por valor de ocho millones. Vagamente argumentó que esos gastos que los exsocios cargaron a Nóos estaban justificados porque eran «servicios profesionales y consultorías» que se hacían al instituto. «¿Soy culpable de crear muchas empresas y tener muchas líneas de negocio?», se preguntó fuera de sus casillas.

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