El paseíllo de los cínicos


No se me ocurre mayor disolvente para una sociedad que el cinismo en sus dirigentes políticos. Porque se puede debatir sobre los objetivos, sobre el diagnóstico de los problemas y sobre las soluciones. Pero, ¿cómo se discute con alguien que miente con alevosía y absoluta desvergüenza? ¿Cómo se puede creer a quien en lugar de asumir su responsabilidad por la corrupción, que es lo que debería hacer un político decente, tergiversa la realidad para hacerse pasar como víctima de sus propias culpas? Tesoreros y hasta expresidentes de partido han paseado ante la Justicia sin que nadie se haga responsable de nada y todos eludan la culpa con los más variados argumentos. Pero nadie ha osado llegar tan lejos como Mas.

Si Jordi Pujol eludió el caso de Banca Catalana envolviéndose en la senyera, Mas intenta hacer lo propio con la estelada. Su cinismo no tiene límite. Cuando un presidente de Gobierno, que es más que un simple dirigente político, intenta hacerse pasar como víctima de una persecución judicial, no solo pisotea la independencia de los tribunales y la separación de poderes, sino que desprecia los mismos principios democráticos que legitiman su poder. Es solo una muestra más de una deriva que ya le llevó a intentar convertir unas elecciones en un plebiscito, que ahora pretende ahogar en el Parlamento catalán la voz de los no soberanistas y, como guinda, está dispuesto a vender su Gobierno a los antisistema. Con estos cimientos es imposible construir nada, y menos aún un país.

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