Lucha abierta entre el G-8 y los partidarios de Sáenz de Santamaría

Las tensiones en el PP estallan ante las malas perspectivas electorales


Madrid / La Voz

A perro flaco, todo son pulgas. Mientras el PP se mantenía firme y destacado en las encuestas, pese a la pérdida de apoyos, todo eran declaraciones de unidad en el Gobierno. Pero ha bastado que, a dos meses de las generales, el triunfo de los populares se empiece a poner en duda para que las hostilidades estallen, se repartan culpas, cada uno haga la guerra por su cuenta y el liderazgo de Rajoy quede en entredicho. La batalla se libra ahora entre quienes dicen que ha faltado sensibilidad a la hora de aplicar los recortes y los que acusan a estos de ponerse de perfil para no pagar el fuerte coste político de la crisis.

Lo cierto es que en el Gobierno existen dos bloques diferenciados prácticamente desde que el Ejecutivo tomó posesión. Uno está formado por los más próximas a Rajoy, amigos personales suyos y de su círculo de confianza, y otro agrupado en torno a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. El grupo de los más cercanos a Rajoy, entre los que están el propio García-Margallo, la ministra de Fomento, Ana Pastor, el de Interior, Jorge Fernández Díaz, el de Industria, José Manuel Soria, y en el que figura también el exministro de Agricultura Miguel Arias Cañete, recelan del poder omnímodo que acumula la número dos del Gobierno y también de su forma de ejercer ese poder, al margen del partido. A ese grupo, conocido como el G-5, se unieron después el ministro de Defensa, Pedro Morenés, el de Justicia, Rafael Catalá y la sustituta de Arias Cañete, Isabel Tejerina, pasando a ser el G-8.

En el lado contrario se sitúan los más próximos a la vicepresidenta, que han trabajado estrechamente con ella desde la pasada legislatura y llevaron buena parte del peso de la oposición. Ahí están Cristóbal Montoro, la ministra de Empleo, Fátima Báñez y el titular de Sanidad y ex portavoz parlamentario, Alfonso Alonso, además de muchos fontaneros de Moncloa con gran poder e influencia, como el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón.

Pero la guerra interna en el seno del Gobierno se traslada también al partido, en donde la secretaria general, María Dolores de Cospedal, se alinea con los enfrentados a Sáenz de Santamaría, lo que da lugar a no pocas fricciones. Una de ellas se acaba de materializar en la crisis del PP vasco, en donde De Cospedal trató de salvar el liderazgo de Arantza Quiroga, a la que ella misma promocionó para el cargo, tras su fallida ponencia de paz y convivencia. Pero ha sido derrotada por la vicepresidenta, que ha visto como su máximo colaborador, Alfonso Alonso, enfrentado desde hace tiempo a Quiroga, se ha hecho con las riendas del PP vasco, algo que ambicionaba desde hace tiempo. En el partido hay muchos otros dirigentes y barones regionales críticos con la número dos del Gobierno, que ciertamente cuenta con muy poco predicamento interno. Uno de los que mejor relación tienen con Sáenz de Santamaría es Alberto Núñez Feijoo, a pesar de que el gallego sea también la gran apuesta para la sucesión de Rajoy de todos aquellos que temen que el relevo quede en manos de la vicepresidenta.

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