«Mas quiere la independencia, pero no dice a qué precio»

El economista de padres gallegos Carlos Mandianes  considera que «tanto Cataluña como España deberían ser más autocríticas»


barcelona / e. la voz

Carlos Mandianes (Barcelona, 1980) es hijo de padres originarios de Xinzo de Limia. Emigrantes en Alemania, a punto de nacer, sus progenitores se desplazaron a Barcelona para que su hijo tuviera la nacionalidad española. Mandianes estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y Economía, y en la actualidad ejerce de economista. Asegura que cuando está en Cataluña le llaman «el gallego» y, cuando viaja a Galicia, le llaman «el catalán».

-¿Se siente usted concernido por el momento político que está viviendo Cataluña?

-Mi posición es clara. Veo el independentismo catalán como una relación entre un padre y una madre. Quiero mucho a Cataluña, igual que quiero mucho a Galicia. Y también quiero mucho a España. Una ruptura sería triste para ambas partes, yo no estoy a favor porque a un hijo nunca le gusta que sus padres se separen. Pero sí que es verdad que hay cosas que deberían cambiar. Cataluña paga muchos impuestos -casi el doble que Galicia-, pagamos peajes de casi 30 euros para ir a Madrid en coche. Y el tema de la lengua. La gente no quiere que se toque. Echo de menos que en Galicia se proteja el gallego como aquí el catalán.

-La izquierda, Esquerra Republicana, y la derecha, CDC, juntas en una lista por la independencia, ni más ni menos.

-Creo que Junqueras (líder de ERC) es muy claro: sabes que quiere la independencia a cualquier precio. Los convergentes no son así. Junts pel Sí, liderada por Mas, dice que quiere la independencia pero no dice a qué precio. Creo que el diálogo sería la clave.

-¿Esta situación es reconducible?

-Tiene que serlo. El trasfondo de todo esto es que la gente quiere que se dialogue. ¿Crees que La Caixa, con sede en Barcelona, podrá seguir aquí? Se tendría que ir a Madrid porque, si no, el Banco Central le cortaría los préstamos interbancarios. A mí me parecería muy bien que el clamor popular se movilizase en este sentido: no para la independencia, sino para presionar a las dos partes. Creo que tanto Cataluña como España deberían ser más autocríticas, pensar sobre qué hicieron mal y por qué no se sentaron a hablar antes. Hay que negociar. En una situación más delicada como fue el País Vasco, en que había mucha más tensión e incluso vidas de por medio, se pudo llegar a un acuerdo. Es la hora de hacer lo mismo aquí.

-¿Un pacto fiscal aliviaría la situación?

-Creo que sería un principio.

-El PP habla mucho de los nacionalismos periféricos, pero apenas del nacionalismo central que caracteriza a varios de sus dirigentes.

-Por eso digo que hay que hacer autocrítica por ambas partes. Hay que saber ponerse en la piel de los demás. ¿Por qué los demás están así? A mí me parece que hay una parte de Cataluña que siempre va a querer la independencia, pero no creo que la quiera una gran mayoría. Hace cuatro años seguidos que se organiza cada 11 de septiembre una gran manifestación pacífica y ordenada. Desde España, esto debería empezar a verse desde otra óptica.

-¿Habrá independencia?

-Creo que no. Para hacer cualquier alteración en el Parlamento catalán hacen falta dos tercios de los votos. Que Junts pel Sí diga que con un solo escaño ya puede hacer un cambio no lo veo claro. Y, además, tú puedes sentir lo que quieras, otra cosa es lo que los otros 28 países reconozcan. Creo que una Cataluña independiente es viable, pero no sostenible. Veo más que esto se convierta en una medida de presión popular.

-Usted es economista y colabora con asociaciones de empresarios. ¿Cómo ven el proceso?

-Con miedo. Los empresarios alemanes son totalmente reacios a ello, dicen que si se declara la independencia, se irán de Cataluña. Mercedes, Bayer? todas estas empresas no quieren perder beneficios. Convergència se ha subido a la locomotora independentista, en la que por cierto nunca estuvo, porque se ha dado cuenta de que no puede materializar todo lo que prometió en su programa. Creo que la CUP será el eje negociador de las próximas elecciones.

-Sentimentalmente, ¿cómo se sentiría un gallego-catalán en una Cataluña independiente?

- ¿Cómo se siente un hijo cuando sus padres se separan? Pues eso, no sería fácil. Los más perjudicados seríamos los ciudadanos. Y creo que al final los catalanes añorarían la relación con España. Sería duro para todos.

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