El déficit democrático de las elecciones

Los expertos consideran que las elecciones no son un plebiscito, aunque se pueda leer en esa clave, y señalan que el presidente saliente pretende eludir la rendición de cuentas de su gestión


madrid / la voz

Las elecciones del 27S se convocan formalmente como autonómicas, pero los independentistas, con Artur Mas a la cabeza, pretenden que sean plebiscitarias. Los partidarios de la secesión concurren en una llamada lista unitaria, que agrupa a CDC, ERC y a asociaciones afines, cuyo único objetivo es que Cataluña sea independiente, lo que impide que los ciudadanos juzguen directamente la gestión del Gobierno saliente. El candidato que aspira a ser presidente, Mas, va como número cuatro de Junts pel Sí. Sin olvidar lo principal, que la declaración de independencia es anticonstitucional.

¿Pueden ser plebiscitarias unas autonómicas?

La coincidencia es total: jurídicamente no. «Son unas elecciones autonómicas, en las que se elige un Parlamento del que saldrá más adelante un Gobierno, jurídicamente eso es todo, ni más ni menos», explica Joaquín Varela, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo. «La calificación de plebiscitarias por parte de una coalición electoral es puramente política y es irrelevante desde un punto de vista jurídico», concluye. Xavier Arbós destaca que para «cinco de las siete candidaturas principales son unas elecciones autonómicas cuyo resultado no legitima la secesión unilateral». Roger Senserrich coincide en que «lo que tenemos son unas elecciones donde unos partidos dicen que el significado de los resultados es uno y otros que dicen que no tiene nada que ver». Para este politólogo, hablar de elecciones plebiscitarias es «una contradicción porque son dos términos disonantes». Ignacio Lago afirma que en las elecciones «se eligen a los miembros del Parlamento y nada más» y destaca que ni siquiera tienen carácter vinculante «en términos de propuestas, programas o promesas».

Pero Roberto L. Blanco Valdés señala que sus resultados serán leídos como si fuera un plebiscito, «como una victoria o una derrota de la alternativa independentista». Incluso, añade, los que ahora sostienen que no tienen un carácter plebiscitario si los secesionistas no logran más de la mitad de los votos dirán que «los catalanes no quieren la independencia». Para el constitucionalista, «es un disparate que las elecciones se hayan planteado como un plebiscito, pero es inevitable que se haga una lectura en esa clave». Lluis Orriols afirma que la participación de una lista unitaria por el sí les puede otorgar un carácter plebiscitario para «interpretar el apoyo al soberanismo», pero hay otros elementos que no lo permiten, por ejemplo que «no se convocan explícitamente en torno a una pregunta concreta acerca de la independencia».

¿El que exista una lista cuyo único objetivo es la independencia supone una anomalía o un déficit democrático ?

Blanco Valdés considera que es una anomalía democrática, porque la forma en que los independentistas han planteado las elecciones, con una lista que tiene por único objetivo la secesión, impide que los electores puedan juzgar la gestión del Gobierno de Mas, «lo que los británicos llaman la accountabiliy, la rendición de cuentas». Arbós coincide en que es una anomalía que «el presidente saliente se vuelve a presentar, pero no se coloca en posición de responder de su gestión». Para Senserrich, se trata de una «estrategia», ya que Junts pel Sí «cree que hablar de la gestión del Gobierno saliente no les favorece electoralmente». Lago no llega a calificarlo de déficit democrático, pero si de «raro», ya que «las elecciones sirven para castigar o recompensar a los gobiernos por sus políticas y con la lista única ese objetivo se dificulta». Aunque añade que «cada votante puede votar de acuerdo con el criterio que desee y castigar esa lista por la gestión de Mas o por no tener un programa de gobierno». Orriols también lo considera una anomalía en términos democráticos. En todo caso, estima que «si lo que busca la lista unitaria es que los catalanes se pronuncien solo sobre su adhesión a la independencia, no debería haber legislatura posterior tras el 27S, sino nuevas elecciones autonómicas, estas de carácter ordinario». Para Varela, «es perfectamente democrático y conforme a nuestro ordenamiento jurídico que una coalición electoral tenga como objetivo primordial, incluso único, la independencia de Cataluña, aunque sea disparatado». En su opinión, «eso no impide valorar la responsabilidad política de Artur Mas, por mucho que pretenda eludirla al no encabezar la lista por la que concurre».

¿Qué significa que Mas vaya de número cuatro en su lista y aspire a ser el presidente?

En el sistema parlamentario español no hay ninguna obligación de que el número uno de la lista sea el candidato a presidente. Dicho esto, en la práctica se considera que es así. Por eso, no aclararlo sería «un fraude al electorado», según Varela. «La estrategia de Mas es esconderse tras unas siglas supuestamente unitarias porque es consciente de su descrédito personal y del de su partido, fruto de la corrupción sistemática que ha propiciado y de la pésima gestión que ha hecho al centrar todas sus energías en la cuestión identitaria y en crear estructuras de Estado, abandonando la agenda social, afirma Varela. Orriols sostiene que no definir quién es el aspirante a presidir la Generalitat es «coherente y deseable desde una óptica plebiscitaria», ya que lo que se pretende es que haya un mandato sobre la independencia

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