Demasiado tarde, demasiado sospechoso


Es la primera vez que dos expresidentes de Gobierno son inculpados por un tribunal. Este hecho excepcional es la prueba más evidente de la magnitud de un escándalo en el que lo peor ni siquiera es la elevada cuantía de dinero defraudada (al menos 140 millones solo en el caso de los ERE). Lo especialmente grave es que hubo un uso ilegal, y continuado en el tiempo, del dinero público. Y se hizo con una intencionalidad, la de alimentar redes de clientelismo político. Algo que a estas alturas ya no sorprende a nadie, porque era de dominio público a la vista de las investigaciones previas. Ese era ya un motivo suficiente para asumir unas responsabilidades políticas a las que Chaves y Griñán ­-y el PSOE- se han negado sistemáticamente. Su renuncia ahora, catorce años después del primer ERE, cuatro después del inicio de las investigaciones judiciales, y forzados por las circunstancias políticas es absolutamente indigna. Porque ni siquiera ha habido una mínima asunción de culpa. Ciertamente, el juez Barreiro descarta la malversación de que los acusaba Alaya, lo que los libera de la parte más grosera de la causa, el desvío del dinero público a bolsillos particulares. Pero ni siquiera eso los exime de responsabilidad, porque ese fraude no habría sido posible sin la elusión de los sistemas de control. Así que las renuncias llegan demasiado tarde y son insuficientes. Además, con ellas, la causa volverá probablemente al juzgado sevillano, del que ya ha dejado de ser titular Mercedes Alaya. Demasiado sospechoso.

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Demasiado tarde, demasiado sospechoso