Cuando el Congreso se convierte en un instituto y los Diputados en adolescentes

Desde insultos hasta visitar webs de contenido erótico. Sus señorías se entregan a las más púberes tareas durante las largas jornadas en las Cámaras


Sus señorías vuelven de vez en cuando a la etapa de la pubertad. A pesar de que el acné desapareció de sus rostros hace más años de los que imaginan, las hormonas de vez en cuando pegan un desliz y sitúan a nuestros políticos en el punto de mira por su más que reprobable actitud sobre las poltronas de las diferentes Cámaras. Después de Celia Villalobos y su partidita al Candy Crush creíamos que nuestros representantes habían empezado a asentar la lección. Pero no aprenden.

Celia Villalobos pillada jugando al «Candy Crush» durante una intervención de Rajoy  Un vídeo muestra a la vicepresidenta primera del Congreso jugando con su tableta mientras presidía el debate sobre el estado de la nación en ausencia del presidente Jesús Posada, que se había tomado un descanso. Villalobos asegura que estaba leyendo la prensa

Lo demostraron sobradamente esta semana en el Parlamento andaluz, donde la secretaria general de Podemos, Teresa Rodríguez, tuvo que aguantar toda clase de descalificativos durante su intervención en el pleno de investidura de Susana Díaz. «Cállate, bonita» y «no tienes ni puta idea» fueron las palabras que trasladaron a los políticos andaluces directamente de la Cámara al patio del instituto donde, según la damnificada la estampa recordaba al «bullying». 

Jugar con el móvil

Teresa Rodríguez no es la primera víctima de la salida de tono de las hormonas. A los políticos de nuestro país se les han olvidado en más de una ocasión las buenas formas. Todavía no nos ha dado tiempo a olvidar el descuido de Celia Villalobos y ya tenemos nuevo material para la larga lista de deslices. Villalobos decidió enfrentar el combate contra el aburrimiento pertrechada con el arma del Candy Crush. Poco importaba que las palabras que provocaban tal hastío salieran de la boca de su propio presidente, Mariano Rajoy. Pero ella no fue la primera. En sus filas son muchos los que cayeron en las tentadoras zarpas de King (la desarrolladora de los más importantes juegos para plataformas móviles). Fátima Báñez, ministra de trabajo, obtuvo, en uno de los debates más importantes para el futuro de la economía española, «5390 puntos en Bubble Shooter Adventures». Y lo peor de todo es que osó (de forma automática y sin aparente intención) presumir de ello en su cuenta de Twitter.

A Monago también le gusta jugar con fuego. Su actitud incendió Twitter después de que en su cuenta de la red social del pajarito se publicara otro mensaje semejante al de la ministra de trabajo: «Obtuve 2.215 puntos en el #Doodlejump!! Supera eso!». Un poco más intelectual era la tarea que ocupaba a los diputados del PP, Bartolomé González y María Isabel Redondo, que se entregaron al léxico durante la votación de la Ley de Acompañamiento que daría paso a la privatización de la sanidad madrileña en el 2012. Mientras unos entrenaban su capacidad de debate ellos optaban por adiestrar su lenguaje a través de la aplicación «Apalabrados».

El botellón

Pero sus señorías, en su peculiar patio de instituto, no solo se dejan seducir por los juegos. El botellón también tiene cabida en las pulcras paredes del Congreso de los Diputados. Al precio al que cotizaba el «cubata» de Gin Tonic en las Cortes, cualquiera se caía en las tentadoras fauces del vaso de tubo. Y es que la subvención de la cafetería permitía adquirir las copas al módico precio de 3,5 euros.

El alumno latoso

En el Congreso también es posible encontrarse de cuando en vez con el clásico alumno latoso. Ese que a toda costa pretende llamar la atención de la clase y copar alguna que otra risa mientras intenta molestar y descolocar al maestro. Joan Baldoví, diputado de Compromís, se desnudó sobre todo en cuerpo y algo en alma durante una sesión de control del año 2013. Mientras se despojaba de su corbata, chaqueta y camisa -en un gesto de apoyo hacia la Plataforma Antidesahucio- el presidente del Congreso, Jesús Posada, intentaba sin fruto reconducir la hilarante sesión.

Joan Baldoví se «desnuda» en el Congreso El diputado de Compromís quiso tener un peculiar gesto con la Plataforma Antidesahucios 

Algo más enérgico es Xosé Manuel Beiras. El político nacionalista, de llamar la atención, sabe un rato. En 1993 optó por la imitación y emulando a Nikita Kruschev blandió su zapato para protestar contra la reforma del reglamento de la Cámara impulsada por Fraga. Y no lo hizo una vez, si no que se atrevió con una segunda escena. Veinte años después de aquel famoso zapatazo, el veterano diputado cambió el pie por la mano y en un bronco debate se enfrentó a Núñez Feijoo con un puñetazo sobre la mesa

Los deslenguados

Si algo tenemos en las Cámaras españolas son deslenguados. Es normal. ¿A quién no se le ha despistado alguna vez un micro indiscreto? Y es que de aquel «coñazo» de Aznar del año 2002 hasta el «que se jodan» de Andrea Fabra son muchos a los que la lengua les ha jugado una mala pasada. «Vaya coñazo que he 'soltao'», era la redonda frase con la que cerraba su discurso el entonces presidente de turno de la Unión Europea, José María Aznar. 

Aznar: «Vaya coñazo que he soltao» El expresidente del Gobierno califica de esta peculiar forma su discurso ante el Parlamento Europeo

Tampoco pueden ser calificadas de elegantes las palabras de Federico Trillo. En 1997, cuando ocupaba el cargo de presidente del Congreso, no pudo menos que quejarse con un sonado «manda huevos» tras verse obligado a enunciar una interminable propuesta de votación. «Rúbrica de la disposición transitoria segunda. Se suprime la referencia a las tarifas de conexión para desarrollar el contenido resultante de la tramitación previa en el Congreso de los Diputados. Por último, también por razones de técnica legislativa, una disposición derogatoria que prevé expresamente la abrogación del Real Decreto Ley del que trajo origen este Decreto Ley». Pensándolo fríamente, «manda huevos» es lo más suave que podría haber dicho.

Andrea Fabra no había conseguido destacar en el Congreso hasta que su impulsiva boca lo hizo por ella. Mientras Mariano Rajoy anunciaba el recorte más duro de toda la historia de la democracia en las cuentas públicas españolas, la diputada del PP por Castellón e hija del barón popular Carlos Fabra fue cazada soltando un «Que se jodan». Lo que no sabía era que la que se iba a fastidiar, era ella misma. Sus tres palabras le costaron la carrera. Como en el instituto: parte y expulsión.

Haciendo novillos

De hacer novillos, nuestros políticos también saben. No es la primera. Tampoco la última. Pero sí una de las más sonadas. El viernes 1 de noviembre del 2013, cuando en el Congreso se trataba la reforma de las pensiones; sus señorías decidieron abandonar con alevosía, y con más rapidez que prudencia, sus escaños para empezar el puente. El resultado de la votación o la palabra del presidente de la Cámara poco importaba. 

La hormona, desatada

La vuelta a la adolescencia de algunos es algo más aguda que la de otros. O por lo menos así lo parece en el caso de Miguel Ángel Pérez-Huysmans, diputado popular en la Asamblea de Madrid y presidente de Nuevas Generaciones del PP de Madrid. Y es que este cachorro del PP fue sancionado por entrar en una web porno durante un pleno de la Asamblea Regional.

Actividades poco higiénicas

La actividad que decidió emprender Luis Bernardo Díaz Alperi, diputado del PP en las cortes valencianas, puede ser calificada de cualquier forma menos como higiénica. Este político tiró de tijeras y se dispuso a cortarse las uñas en medio del discurso de sus compañeros.

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