De ser «Invictus» a cosechar el peor resultado de la historia

Terco, y poco dotado para la negociación, pasó de ser el alcalde más votado de España a estar siempre enfrentado con Ferraz


Madrid / aLa Voz

En abril del 2011, apareció en la fachada de la sede madrileña del PSOE un gran cartel en el que Tomás Gómez, candidato a la presidencia de la comunidad, aparecía con un atuendo a caballo entre gladiador y caballero medieval. «Tomás Gómez, Invictus. A su lado, todo es posible», se decía en ese letrero casi cinematográfico, a cuyos pies se leía la frase: «Próximamente en el Gobierno de Madrid». Poco después, Gómez fue barrido en aquellas elecciones por Esperanza Aguirre, que le sacó más de 25 puntos de ventaja y le dobló en escaños. El peor resultado del PSOE en unas autonómicas madrileñas.

La anécdota da idea de la osadía de este hombre, en cuya biografía todo parece marcado por circunstancias excepcionales, empezando por su nacimiento en la localidad holandesa de Enschede, en 1968. Y es que, aunque en las pasadas elecciones europeas Gómez batió su propio récord negativo y dejó al PSOE en un paupérrimo 18,94 %, es también el político que en el 2003 se convirtió en el alcalde más votado de España en democracia en municipios de más de 50.000 habitantes, al revalidar su cargo de regidor de Parla (Madrid) con el 75,5 % de los sufragios.

Pero si algo ha demostrado Gómez es capacidad para aferrarse al cargo y cargar a otros sus propios tropiezos. Terco, a decir incluso de sus seguidores, e incapacitado para la negociación, aquella esperanza blanca de Parla se convirtió en un hombre que siempre creó problemas en Ferraz. Bien lo saben Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, que fracasaron en el intento de descabalgarlo como candidato del PSOE de Madrid para las regionales del 2011 lanzándole un órdago para que cediera el puesto a Trinidad Jiménez. Pero Gómez se negó, forzó unas primarias y derrotó al aparato de Ferraz.

Apoyó a Chacón, Díaz y Sánchez

Aquello fue para muchos el inicio del fin de Zapatero. Y, aunque supuso el arranque de la carrera de Gómez como líder de proyección nacional, los resultados demuestran que, lejos de mantener aquella aureola de ganador invicto que se forjó en Parla, su gestión ha llevado a un PSOE madrileño ingobernable desde los tiempos de Joaquín Leguina al punto más bajo de su historia.

Después de aquel castañazo en las autonómicas del 2011, fiel a su estilo, Gómez se negó a asumir ninguna responsabilidad. Cargó todas las culpas del mal resultado a Rubalcaba, ya líder del PSOE, y se enrocó en el liderazgo de los socialistas madrileños arropado por su guardia pretoriana y enfrentado a una buena parte de la militancia y la dirección regional del partido. Desde entonces sobrevivía tratando siempre de maniobrar con habilidad en las luchas internas del partido. Apoyó a Carme Chacón frente a Rubalcaba, aunque evitó expresar en público esa preferencia para no quedar atrapado con la posible derrota de la exministra, como sucedió. Su última pirueta fue apoyar a Pedro Sánchez en la batalla por la secretaría general frente a Eduardo Madina, pese a haber tenido en el pasado duros enfrentamientos con el hoy líder de los socialistas. Solo un poco antes había expresado su respaldo incondicional a la andaluza Susana Díaz. La escapada de Invictus concluyó ayer, muriendo a manos de su antiguo rival político.

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