El duro destino de la gente de Aznar

Mariano Rajoy es el único dirigente que formó parte del círculo más próximo del expresidente que no está imputado en ninguna causa judicial ni ha optado por abandonar la política

<span lang= es-es >Josep Piqué</span>. Varias veces ministro con Aznar, dejó la política al no lograr hacerse con el liderazgo del PP catalán.
Josep Piqué. Varias veces ministro con Aznar, dejó la política al no lograr hacerse con el liderazgo del PP catalán.

Madrid / Colpisa

Casi dos décadas después, la era Aznar, mitificada por antiguas y nuevas generaciones de populares, y apuntalada por la vieja guardia, se ha topado con los tribunales. Las sospechas de desmanes, excesos y abusos cercan a quienes compartieron mesa en el Consejo de Ministros, y echan por tierra el mantra repetido por el expresidente del Gobierno: «El PP es incompatible con la corrupción». Un repaso por las causas que se investigan en los juzgados refleja la complicada situación que atraviesa el partido a poco más de un año de las elecciones generales. Esta misma semana, Rodrigo Rato, persona de la máxima confianza de Aznar y «el mejor ministro de Economía de la democracia» en palabras del fallecido Emilio Botín, se veía obligado a darse de baja temporal como militante por su implicación en el caso Bankia y el uso de las tarjetas opacas. De ser «don Rodrigo», el hombre que pudo heredar el partido, ha pasado a verse presionado por los barones del PP a irse por la puerta de atrás.

«El que la hace, la paga», repiten dirigentes y diputados populares en conversaciones formales e informales. En la mente de todos está Jaume Matas, extitular de Medio Ambiente entre el 2000 y el 2003, buen amigo de Mariano Rajoy y presidente de Baleares en dos ocasiones. Desde julio duerme en la cárcel de Segovia por pagar con dinero público al periodista que le escribía los discursos y hacía panegíricos en sus crónicas. Solo es la primera causa de la veintena que le aguardan en el caso Palma Arena, Nóos incluido. Pero lo que más preocupa en la dirección del PP es el caso Gürtel, que junto al de las tarjetas opacas de Caja Madrid no da respiro. Se investiga si existió financiación ilegal en el partido y camina despacio, pero camina, como una apisonadora que deja al descubierto nuevos nombres.

Pendientes de Ruz

El último, el de Ángel Acebes, imputado por autorizar el uso de fondos de la supuesta caja B para comprar acciones de un grupo de comunicación afín al PP. Los populares confían en que el juez Ruz rectifique y envían mensajes de apoyo al que fuera su secretario general, sin superar la conmoción de una causa que no cesa. No es el único exlíder de la formación que conocerá los despachos de la Audiencia Nacional. Lo hicieron como testigos los también antiguos vicepresidentes del Gobierno, Javier Arenas y Francisco Álvarez-Cascos. Todos estuvieron en los ejecutivos de Aznar, todos fueron los números dos del PP en distintos momentos. El juez Pablo Ruz trata de esclarecer si conocían los presuntos tejemanejes de los tesoreros, Luis Bárcenas y Álvaro Lapuerta, bajo su mandato.

Los papeles de Bárcenas, al principio desdeñados y ahora temidos, han hecho tambalear los cimientos del partido. Exministros y altos cargos populares aparecen como receptores de sobresueldos sin declarar. Y se teme que la investigación judicial se convierta en una interminable gota malaya. En agosto del 2013, el mismo Rajoy, poco amigo de dar la cara en estas situaciones, tuvo que explicarse en el Senado por las andanzas de quien fue el jefe de las finanzas de la organización bajo su presidencia del partido y la de Aznar.

El congreso de Valencia

El jefe del Ejecutivo es prácticamente el único superviviente político del núcleo duro del aznarismo que se mantiene en lo más alto. Mariano Rajoy exhibió la herencia en su primera legislatura en la oposición, pero en el 2008 rompió amarras. En el congreso de Valencia de aquel año se encontró con que los más fieles a su mentor trataban de moverle la silla tras dos derrotas consecutivas ante José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero pese al saludo frío de Aznar y el desplante encabezado por Esperanza Aguirre, arrasó, siempre gracias a sus compañeros valencianos. Han pasado ya seis años de aquello, un tiempo en el que muchos se han ido apartando de la primera línea y del círculo de confianza del presidente. Quienes representaban otra época y otra forma de hacer, Acebes y Eduardo Zaplana, primeras espadas de un PP conmocionado tras el 11-M, dejaron sus responsabilidades tras el cónclave.

Pero las diferencias ideológicas y de enfoque también han llevado a algunos de los exministros a retirarse. Ya en el 2004, con Rajoy como sucesor al frente del PP, Rato optó por marcharse al Fondo Monetario Internacional. Otro de los aspirantes a delfín, Jaime Mayor Oreja, tiró la toalla en enero pasado tras unos años de retiro dorado en el Parlamento de Estrasburgo. La empatía con Rajoy era inexistente. La política antiterrorista abrió una sima entre ellos y Mayor Oreja decidió irse a casa.

El ala dura del partido se quedaba sin uno de sus referentes. La herida abierta con este sector terminó de agrandarse tras este verano. La retirada de la polémica reforma de la ley del aborto se cobró la cabeza de Alberto Ruiz-Gallardón en forma de dimisión. Nunca antes había sido ministro, pero era un histórico, el verso suelto que había pasado de ser el progresista del PP a paradigma del sentir de los más conservadores. Poco a poco Rajoy se ha ido quedando solo en la cúpula. Le acompaña en un segundo plano sin aparente influencia Javier Arenas, vicesecretario de Política Autonómica y Local, y sin visos de optar a ningún ministerio después de abandonar Andalucía.

Las tribulaciones del pp Los casos de corrupción pasan factura a viejos dirigentes populares

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