Primarias de resurrección

ESPAÑA

El PSOE atraviesa la peor crisis de su reciente historia democrática. Ideológicamente a la deriva e internamente destrozados, los socialistas deben competir con una derecha unida desde una izquierda profundamente dividida. Son tantos los desafíos que tienen por delante que resulta incomprensible que para salir de ese formidable atolladero hayan tenido que elegir entre dos candidatos que constituyen la viva imagen del político que los condujo al agujero negro en que hoy están.

Pues Sánchez y Madina han probado ser a lo largo de la campaña de primarias lo que ya mucha gente, dentro y fuera del PSOE, se temía: dos Zapateros resucitados, que reúnen los supuestos méritos de su predecesor (buena presencia y juventud) y todos sus defectos: bajo perfil político, nula experiencia de gestión, desconcierto ideológico absoluto, total falta de propuestas para los problemas del país, todo ello adobado con un insaciable populismo que se traduce en que su discurso político no es más que la tosca expresión de quien cree que todo consiste en agradar siempre al auditorio.

Zapatero inició una forma demencial de hacer política, con la que el PSOE tiene que romper de un modo radical si no quiere seguir profundizando en la crisis que podría reducirlo a los 40 diputados que no hace mucho Felipe González se atrevió a pronosticar si los socialistas no logran recuperar sus señas de identidad fundamentales: un partido de centro izquierda, socialdemócrata, con vocación mayoritaria y claro defensor de la unidad y la solidaridad de todos los territorios del país. Exhausto, dividido y controlado por profesionales de la política, el PSOE ha elegido a Sánchez, de cuya victoria lo mejor que cabe decir es que ha evitado el triunfo de Madina. Ahora asistiremos, como con Zapatero, al intento de conversión del elegido en el hombre providencial que España necesita. Pero ningún socialista debería equivocarse: pues julio del 2014 no es julio del 2000. Entonces coló el engaño. Ahora, tras la nefasta presidencia del leonés, será muy difícil repetirlo.