El rey, muy superior a la clase política

Si se compara el discurso de Felipe VI en las Cortes con los más solemnes de la clase política actual, pocos están a la altura del pronunciado por el monarca


No hay color. Si se compara el discurso del rey Felipe VI en las Cortes con los más solemnes de la clase política actual, pocos están a la altura del pronunciado por el monarca. Felipe González y Adolfo Suárez fueron comunicadores destacados, como Jordi Pujol y alguno más, pero por lo general los políticos españoles comunican como la media de la sociedad, es decir, de forma insuficiente. Al bajo nivel de calidad comunicativa en España en el mundo profesional y político, hay que sumar cuarenta años de listas cerradas en las candidaturas donde se premia la fidelidad hacia quien decide la lista y no la conexión con los ciudadanos. De ahí el pobre panorama actual. Se podrá argumentar que para lista cerrada la de don Felipe, que no tuvo que competir para ser el heredero ni con la infanta Elena, mayor que él, porque la ley le favorecía. Pero él entendió desde hace mucho tiempo que comunicar bien era imprescindible para su mandato.

En el mensaje del nuevo rey había advertencias elocuentes sobre el riesgo de distanciarse de los ciudadanos. Ese es el reproche principal de la opinión pública hacia los dirigentes. En el discurso se afrontaba sin eufemismos la necesidad de una Corona íntegra, honesta y transparente y eso valía para su casa, pero también para todos los grupos parlamentarios allí presentes, e incluso para los que están llamando a la puerta del Congreso. No hay un líder político que hable en sede parlamentaria con esa rotundidad y claridad sobre este problema, demasiado generalizado.

Las horas de espera y de cola en el Palacio Real para saludar a los nuevos reyes, permitieron el contraste del discurso con un alto número de invitados. Francisco González, presidente del BBVA, destacaba precisamente ese pasaje sobre la integridad y la transparencia. Los invitados catalanes se dividían en dos grupos: los que valoraban las referencias a la protección de las lenguas y el agradecimiento final en catalán, euskera y gallego, y aquellos a los que parecía insuficiente. En general, la sensación era altamente positiva, lo que contrasta con un país aquejado normalmente de autoestima baja. Y que la víspera había recibido un bofetón futbolístico cuando más urgían buenas noticias.

En la cola destacaba un grupo formado por ex ministros de Aznar y de Zapatero en armonía -Zaplana, Pío Cabanillas, Cristina Garmendia y Beatriz Corredor- que ofrecían una imagen de complicidad hasta esperanzadora. Y alcaldes de las principales ciudades del país. No vimos al de Barcelona, pero sí a los de Lérida y Tarragona, junto con los de Santander, Málaga, Valladolid y otras capitales.

Unos pasos más atrás, el científico y también ex ministro Bernat Soria se sorprendía del «alto grado de salud de los españoles, porque si estos tres mil invitados los tomamos como población a investigar, y además de edad media alta, las lipotimias por el sofoco son mínimas». Que se sepa solo el ex ministro Corcuera necesitó atención.

Todo estuvo casi perfecto. Faltaba representación extranjera que, a pesar de la premura, hubiera acudido a arropar a don Felipe. Y, si acaso, sobraba el empeño policial en que por la mañana no se viera en el recorrido ninguna bandera republicana cuando el rey, pese a quien pese, también lo es, como jefe del Estado, de los ciudadanos republicanos. Y algunos guardias de la circulación, que en exceso se movilizaron en la calle, hubieran prestado gran servicio en los pasillos el Palacio Real.

Por la noche reaparecieron algunas manifestaciones republicanas consiguiendo Jorge Verstrynge ser arrestado, lo que le dará puntos en su nueva singladura política. Verstrynge empezó en la Falange Negra Exterminadora, después fue número dos de Alianza Popular, coqueteó con el PSOE, colaboró con Izquierda Unida y ahora hace méritos en Podemos. No se perdió ni el escrache ante el domicilio de Sáenz de Santamaría, ni la manifestación republicana. La idea noble, digna, de la República, merecería otros referentes. Definitivamente, el rey está por encima de la clase política, se tome por donde se tome.

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