Adolfo Suárez : «Puedo prometer y prometo...»

gracia novás REDACCIÓN / LA VOZ

ESPAÑA

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La Voz perfila, mediante retazos de entrevistas y declaraciones, la figura del artífice de la transición

23 mar 2014 . Actualizado a las 18:21 h.

Adolfo Suárez fue una víctima más de su tiempo. Respetado en los primeros momentos de la transición, fue después denostado, duramente criticado, traicionado, postergado y, posteriormente, cuando ya no le sirvió de mucho, rehabilitado como gran estadista. Son bromas de mal gusto de la historia, de las que no es, por supuesto, su único damnificado. Hoy su figura sigue siendo un misterio no resuelto, acrecentado por la prolongada época final de su enfermedad y su silencio. En un intento de fijar una imagen en el papel traemos aquí un ramillete de pensamientos y expresiones del propio Suárez, extraídas de cientos de entrevistas en periódicos y revistas, alocuciones televisadas, declaraciones públicas y artículos diversos.

En parte mostrarán cuál fue su evolución en el largo camino político desde la cercanía a Falange, en los años 60, hasta sus posiciones próximas a la socialdemocracia, desde su formación en el Movimiento Nacional hasta el aciago liderazgo de un partido de centro a la deriva (CDS), en el tramo final de los 80. Tantas veces acusado de indefinición ideológica, de falta de formación económica, de no gobierno -sus guías fueron la libertad, el orden, la discreción, el pragmatismo, la justicia social-, nadie puede eliminar al menos su protagonismo en el impulso de la reforma democrática, en el exitoso viaje de una dictadura hacia una monarquía parlamentaria.

Fue un hombre hábil que supo avanzar en circunstancias duras, y manejando una filosofía posibilista, que le hacía sopesar en cada momento qué paso se podía dar. Él reconocía después su difícil papel, su ambigua imagen. Y es que entonces «para ciertos líderes de la izquierda internacionales darme la mano era poco menos que contaminarse. [?] Soy un político, como yo digo, chusquero, hecho a base de tiempo, de pensar [...] Marcado por mi pasado y atrapado en un problema que parecía insoluble». Pero es que sus inicios tampoco desmentían estos posicionamientos señalados por la oportunidad, aunque su apuesta fuese enseguida diálogo y democracia. «Hay que devolver la soberanía al pueblo español», zanjó.

El rey lo nombra presidente

«Me enteré una hora y media antes de que fuese oficial mi nombramiento. Solo puedo decir que me siento serenamente preocupado, debo ordenar mis ideas».

Ya investido

«Coincido con el presidente Arias que se trata de hacer viable el tránsito de una instancia de carisma a una instancia de democracia [...] De trasvasar la adhesión incondicional al Caudillo, a la participación leal con el tiempo del Príncipe de España».

Europeos, americanos

«La democracia será posible gracias a Franco, al desarrollo económico suscrito por el viejo general. No la estableceremos para darles gusto a los europeos, a los americanos. [...] La democracia no es el regalo de un Gobierno, es un derecho imprescriptible que el pueblo debe exigir».

Nada y todo

«Que quede una cosa clara: de entreguismo a la subversión, nada; de actitudes tibias hacia las provocaciones, nada; de despreocuparnos ante los grandes temas que pueden rozar la independencia o la seguridad de la patria, nada. Pero en cambio sí decimos que de predisposición al diálogo, todo; de abrir el juego político para normalizar la vida ciudadana, todo; del reconocimiento a la personalidad de las regiones, todo; de que las opciones políticas puedan desarrollar sus legítimas aspiraciones al poder, absolutamente todo».

El PCE y las Fuerzas Armadas

«En la cúpula de las Fuerzas Armadas, al PCE se le veía, sobre todo, como aquellos contra los que habían luchado hacía 40 años; incluso veían a esa persona concreta contra la cual lucharon. Y todos los generales de entonces habían luchado en la Guerra Civil. [...] Mi objetivo número uno durante los primeros meses de la transición había sido conseguir que esa legalización no se convirtiera en causa para una involución política».

Su soledad

«Cuando asumo el Gobierno asumo la acción política por completo. [...] Yo era un hombre marcado por venir del Movimiento Nacional. Si en el momento en que soy presidente intento formar un partido, no encuentro con quién hacerlo. [...] Habíamos tenido un papel decisivo en el cambio, pero nadie se fiaba de nosotros. [?] Yo era un hombre que, a los ojos de los españoles, llegaba al poder para quedarse con él».

Puedo prometer, su mantra

«Puedo prometer y prometo intentar elaborar una Constitución en colaboración con los grupos representados en las Cortes, sea cual sea su número de escaños».

Víspera del referendo

«Un país democrático necesita una ley suprema que guíe y oriente la vida política, social y económica, una Constitución que recoja libertades y derechos y señale a la vez obligaciones».

Ideología y diferencias

«UCD tiene que ser un partido frontera con el PSOE [...] Pueden coincidir en algunos temas, pero, a la postre, el modelo de sociedad que la UCD defiende es radicalmente diferente al de los socialistas. Lo que pasa es que estoy convencido de que muchas cosas que se presentan hoy como propias de la izquierda no son privativas de esta; son banderas nuestras que nacen de una concepción de la dignidad del hombre y su libertad».

«Son muchas las cosas que nos separan de Alianza Popular».

El desencanto

«Cuando en el 77 se consolida la democracia y las leyes reconocen libertades nuevas, pero traen aparejadas responsabilidades individuales y colectivas, empieza lo que llaman el desencanto... ¡El desencanto! Yo no creo que el pueblo español haya estado encantado jamás. La Historia no le ha dado motivos».

Sistema de convivencia

«Hemos hecho creer que la democracia iba a resolver todos los grandes males [...] Es solo un sistema de convivencia. El menos malo de los que existen».