Divididos

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

28 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El debate sobre el estado de la nación ha puesto en evidencia el nivel de atrincheramiento al que ha llegado la política. Ocurre con la visión que unos y otros tienen de la situación del país. Cada cual selecciona los datos que refuerzan su posición previa y obvia todos los demás. Consecuencia: diagnósticos sesgados y diálogo de sordos. El debate abierto, esencial en democracia, ha sido sustituido por la propaganda. Otro ejemplo: el presidente promete toda la verdad sobre el accidente de Angrois, pero al día siguiente se veta la investigación parlamentaria. Otro principio democrático que falla: el del control político. El Gobierno, en su parapeto. La última evidencia es la relativa a Cataluña. Cada grupo presentó su resolución y se cerró en banda a negociarla con los demás. Si todos están de acuerdo en que constituye uno de los dos problemas esenciales de España, junto con la crisis, no se entiende esta división patológica, paradigma de los males que aquejan a la política. La incapacidad de los partidos para establecer un marco mínimo de diálogo explica en buena medida la desafección ciudadana. Se comprenden las divergencias, incluso las discrepancias profundas, pero no la estrechez de miras que impide puntos de encuentro sobre asuntos esenciales. Si la política es el arte de promover horizontes y crear espacios de convivencia, nuestros líderes fracasan estrepitosamente y dejan a los ciudadanos huérfanos de alternativas.