Esta semana ya lo confirmaba el CIS: la aceptación de los políticos está a ras de suelo y la intención de voto muy baja
09 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.No hacía falta que lo dijera la Unión Europea, porque ya lo sabíamos, pero acaba de proclamarlo en un informe: en España no hay sobornos, pero la corrupción es muy alta. Demasiado, para lo que se estila en Europa. En consecuencia, la credibilidad política es mínima. Esta misma semana, el Centro de Investigaciones Sociológicas lo destacaba: la aceptación de los políticos está a ras de suelo y la intención de voto muy baja, especialmente para los dos grandes.
Del primer asunto, la corrupción, se informa a diario: no hay partido importante, sindicato o institución -incluida la Casa Real, que vivió ayer su jornada más negra- que se libre de la sospecha o, con frecuencia, de la certeza. Del segundo, de la crisis de credibilidad, da cuenta la opinión pública, la calle, en cualquier conversación. Hay hartazgo. Antes, en la época de vacas gordas, con la ilusión de que éramos ricos, se toleraban más las irregularidades. Hoy, con los recortes y las estrecheces, la tolerancia es cero. Así que ese es el gran titular del estado de la sociedad española ahora mismo: credibilidad mínima de la política y percepción de corrupción máxima.
En ese borrascoso escenario sociológico, los partidos tratan de navegar aún con riesgo de naufragio. «Nosotros aún no estamos bien, pero el PP está muy mal», sostiene el dirigente socialista Antonio Hernando, para el que la intención directa de voto, en la encuesta del CIS, pone por delante al PSOE. El propio Mariano Rajoy pareció confirmar esa preocupación el pasado fin de semana en Valladolid cuando arremetió por sorpresa contra Alfredo Pérez Rubalcaba con el ya famoso, «Tú te callas, porque eres parte del calvario de la crisis».
La arremetida inesperada de Rajoy sorprendió incluso a un alto directivo de FAES, la fundación que preside José María Aznar: «No es ese el estilo de Rajoy». Según ese mismo directivo, que ocupó un alto cargo en los Gobiernos de Aznar, el recién creado partido Vox, de Ortega Lara, podría obtener algún eurodiputado en mayo. «Así empezó Rosa Díez», añade.
Entretanto, proliferan las reuniones entre políticos y empresarios a cuenta del proyecto secesionista catalán. Rubalcaba se muestra en ese campo muy activo y viaja con frecuencia a Cataluña, lo que contribuye, además, a destacar en Barcelona y en Madrid la pasividad de Rajoy. «Se ha reaccionado demasiado tarde», se admite en todas las conversaciones y se permitió que calaran en la ciudadanía argumentos del tipo «España nos roba». Cuando un referente de la categoría técnica de Josep Borrell Centelles, ex presidente del Parlamento Europeo y catalán de nacimiento, cuestiona el argumento con cifras de la propia Generalitat, cae sobre él una lluvia de imprecaciones. Es la prueba de que hasta ahora no ha habido debate, sino un monólogo pro independentista al que solo se le oponía el silencio.
En la última semana, algunos elementos nuevos han aparecido: de entrada el interesante diálogo Artur Mas-Felipe González en el programa Salvados, de Jordi Évole, un éxito periodístico que siguieron casi cinco millones de personas. Después, las declaraciones del portavoz de la Generalitat, Francesc Homs, que también protagonizó reuniones con empresarios catalanes, de las que podía deducirse que la situación se le está escapando de las manos a Convergència. Es decir, que un sector de la ciudadanía alentada en el clima casi de unanimidad vivido en los dos últimos años, marcha por su cuenta por delante de los partidos. A esa ciudadanía se le repitió que independencia era compatible con seguir en Europa y que salir de España equivalía a vivir mejor. Ahora que Europa ha reiterado que no va a ser así y que Cameron advierte a los escoceses de que «separación es debilitamiento y empobrecimiento para todos», a ver quien convence al personal de lo contrario. Desde luego, con la inactividad del Gobierno de Rajoy y la incomparecencia del Estado en el debate, clavado en el argumento jurídico de que la consulta sería ilegal, por supuesto que no. Urge moverse.
Crónica política