La niña de Rajoy es ya una adolescente. Y está desorientada porque aquella promesa del presidente de un país mejor, con trabajo, una «educación tan buena como la mejor» y vivienda, se antoja hoy una pesadilla.
La moza vive en un país con más paro que en el 2011, el mayor índice del juvenil de Europa; con salarios y pensiones devaluadas, una Sanidad pagada y repagada, con los empresarios ahogados por falta de crédito y de actividad, con los resultados de una reforma laboral fracasada, un alarmante crecimiento de la miseria, más impuestos y con un tercio de hogares cerca de la pobreza.
La niña de Rajoy, que es ya una zagala, sabe que el país hace aguas, y que al presidente le quita el sueño sacarse de encima al golfo de Bárcenas. Sabe también que el Consejo de Europa ha dicho que los recortes de Rajoy socavan los derechos humanos. Y sabe que el 75 % de los españoles desaprueban su gestión.
La niña de Rajoy forma parte de lo que llamamos generación perdida. Debe de estar hoy fascinada. Para no creérselo.