Un pedófilo con un oscuro pasado al que se vincula con el CNI

la voz

E l juez le preguntó: ¿Por qué viniste aquí a abusar de niños marroquíes?». El encausado le contestó: «Porque no cuestan caro y todo se consigue con dinero». La respuesta la dio Daniel Galván en el juicio celebrado en septiembre del 2011 en Kenitra, una localidad situada unos cuarenta kilómetros de Rabat, en la que residía. Galván fue posteriormente condenado a 30 años de cárcel por abusar de once niños menores de edad -de entre 2 y 14 años- en la que es la mayor pena impuesta en Marruecos por este tipo de delitos.

Pero Galván estuvo apenas un año y medio en prisión. Fue indultado el pasado martes junto a otros 47 presos españoles por Mohamed VI, una decisión que el monarca revocó después de que el caso derivase en una grave crisis interna azuzada por los enigmas sobre el oscuro pasado del preso, que, según varios medios, podría haber colaborado durante la guerra de Irak con algunos servicios de espionaje, entre ellos el CNI español.

Pero, ¿quién es Daniel Galván, un personaje del que se pone en duda hasta su nombre? Recomponer su biografía no es una tarea fácil. Se sabe que nació en 1950 y algunos fuentes apuntan a que en Basora (Irak), en donde residió con sus padres. Sirvió en el ejército de ese país y alcanzó el rango de oficial. En 1976, según la agencia Efe, se traslada a España y su rastro se pierde casi durante 20 años. Tras dos décadas, su nombre vuelve a aparecer vinculado al ámbito académico. De 1996 al 2002 trabajó en el departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Murcia, primero como becario desde 1996 hasta 1998 y, posteriormente, con un contrato desde 1998 al 2002, según confirmó ayer el rector de esta institución docente, José Antonio Cobacho.

Galván es un hombre cultivado. Habla árabe clásico, dariya (una variante dialectal marroquí) y también francés e inglés. «No necesitó intérprete durante el juicio», recordó Hamid Krayri, uno de los abogados de las víctimas del pederasta. La vista tuvo un gran impacto mediático en el país. En ella Galván reconoció con toda crudeza como se había aprovechado de los niños, muchos de ellos sin recursos, a las que trataba de cautivar organizando fiestas infantiles en su propio piso. Ante sus vecinos se presentaba como un profesor español jubilado.

El pederasta intentó demostrar que era un enfermo irresponsable y requería tratamiento, pero el mismo era absolutamente consciente de su depravación. En una audiencia preliminar al juicio ante el procurador marroquí, -lo que en España equivaldría al fiscal-, Galván, de 64 años, declaró que merecía «ser ejecutado» por todos los delitos que había cometido durante el tiempo que vivió en Marruecos, a donde podría haber llegado con una identidad falsa tras un oscuro pasado como espía.

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Un pedófilo con un oscuro pasado al que se vincula con el CNI