La decisión del Gobierno y el PP de blindar a Rajoy y dejarlo al margen de cualquier polémica en torno a unas acusaciones que le atañen personalmente ha tenido como resultado una elevación inmediata del grado de crispación en el Congreso. El contraste es patente con el clima de hace solo unos días, cuando el jefe del Ejecutivo consiguió el aval de hasta cuatro grupos parlamentarios para defender en Bruselas una política europea acordada con la oposición, o cuando ya se llegaba a un consenso en la ley de transparencia. El giro emprendido por Bárcenas con su decisión de tirar de la manta ha despertado también al líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, refugiado hasta ahora en una política pactista para evitar el desgaste que le genera todavía su destacado papel en el Gobierno de Zapatero. Ahora, sin embargo, el PSOE ha olido sangre y no está dispuesto a soltar la presa. Pero, ¿hay alguna posibilidad de que se presente una moción de censura? Ninguna.
Al margen del dato obvio de que los 186 diputados del PP la tumbarían sin problemas, el líder socialista es muy consciente de que una cosa es que el resto de grupos quieran la dimisión de Rajoy y otra muy distinta, que vayan a apoyarlo a él como candidato alternativo, que es a lo que obliga una moción de censura. Con toda seguridad, Rubalcaba no conseguiría ningún apoyo, más allá de los votos de su propio partido, con lo que sería el gran perdedor.
El Gobierno confía en pasar este mal trago y que un verano sin actividad parlamentaria serene los ánimos. Pero a lo que se enfrenta el Congreso es más bien a todo lo contario. Tras las vacaciones, la tensión irá en aumento, hasta el punto de que nada de lo que haga o diga el Ejecutivo será tenido en cuenta mientras Rajoy mantenga su negativa a dar explicaciones.