El viaje espiritual de José Blanco

ESPAÑA

El exministro de Fomento ha emprendido un profundo cambio en su vida a raíz de su calvario judicial, que lo ha llevado a ser autocrítico con la dureza de algunas de sus pasadas actuaciones políticas. Está volcado en su vida familiar, prepara un libro y abandonará pronto la política para probar suerte en la empresa privada

23 jun 2013 . Actualizado a las 20:41 h.

Lleva muchos años pensando en dar un vuelco a su vida. Pero es ahora, en el momento más duro de su larga trayectoria política, cuando parece decidido a poner en marcha ese viejo anhelo. El cambio profundo que está experimentando José Blanco no afecta solo a su actividad profesional, antes frenética y ahora sosegada, sino también a la forma de encarar su propia existencia. Su decisión de recorrer el Camino de Santiago sin esconderse de las cámaras, cumpliendo así una remota promesa, es la plasmación gráfica de ese viaje espiritual en el que está embarcado. Pero la idea viene de lejos. No es una conversión religiosa al estilo de la de san Pablo, porque nunca ha ocultado su fe católica, aunque alejada del dogmatismo oficial. Pero sí puede decirse que el calvario judicial por el que atraviesa ha operado como una particular caída del caballo y lo ha hecho cambiar. Ya no se trata de abandonar la política nacional, sino también de renunciar a intentarlo en Galicia. «Esa puerta está definitivamente cerrada». Ese es el mensaje que ha transmitido Blanco a La Voz de Galicia. Su futuro, al parecer, está en la empresa privada.

Sin rencores hacia nadie

Aunque muchos dudan de su retirada, lo cierto es que en fecha tan temprana como el año 2007 Blanco ya expresó a La Voz su deseo de abandonar la política tras la segunda legislatura de Zapatero para probar suerte en otros campos. «Tengo alguna propuesta en el ámbito del mundo privado que me puede resultar muy sugerente», dijo entonces. Hoy, seis años después, está a punto de cruzar ese puente. Su futura actividad profesional estará vinculada al mundo de márketing y la comunicación, un campo que siempre le ha apasionado y que de hecho lleva aplicando muchos años a la política.

Pero ¿qué ha ocurrido para que Blanco se decida ahora a dar ese salto sin red sobre el que llevaba tanto tiempo meditando? La respuesta está en el proceso judicial que afronta y que lo ha situado a las puertas de sentarse en el banquillo por un presunto delito de tráfico de influencias. Esa dura experiencia ha servido para que quien fuera azote político de los rivales del PSOE, a los que exigió siempre que asumieran responsabilidades políticas ante la mínima acusación, cuestione ahora su forma de proceder en el pasado. «Este período me ha servido para reflexionar bastante sobre algún error o exceso que pude haber cometido», reconoció el pasado mes de marzo. Esa autocrítica se plasmará muy probablemente en el libro que Blanco está escribiendo. Un volumen que, según algunas fuentes, servirá también para ajustar cuentas con algún excompañero en el Gobierno de Zapatero, muy especialmente con Carme Chacón y, sobre todo, con el marido de esta, Miguel Barroso.

Blanco asegura sin embargo a La Voz de Galicia que no guarda rencor ni a Rubalcaba ni a nadie, tampoco a sus exsubordinados en Fomento, a los que nunca trató de condicionar para que hicieran una defensa más cerrada de su inocencia en sus declaraciones ante el juez. «Mantiene una excelente relación con todos ellos y se reúnen habitualmente para comer», transmiten desde el entorno del exministro. Blanco quiere pasar página. Convencido como está de que es inocente, cree que cuando acabe este trago amargo podrá empezar con paz interior esa nueva etapa que prepara.

Deuda con su familia

Después de muchos años de condicionar la vida de su familia a su carrera política, cree que les debe un período de calma alejado de los focos a su mujer, Ana Mourenza, y a sus hijos, María y Pedro. Cuando, siendo todavía portavoz del Gobierno, se rumoreaba que daría el salto a la política gallega, Ana le pidió que le aclarara si debería ir buscando colegio a los niños en Santiago. Y Blanco la tranquilizó diciendo que no era esa su intención en aquel momento. La muerte de su padre el pasado mes de enero, y el desconsuelo de su madre, Erundina, a la que procura visitar casi todas las semanas en Lugo, han contribuido también a que se replantee todo. Está completamente volcado en la vida familiar y, por primera vez desde hace mucho, lleva a sus dos hijos al colegio casi todos los días. Esa paz espiritual que parece vivir ahora en medio de su tormenta judicial se aprecia también en su nuevo talante, siempre sonriente, pausado y exento de cualquier acritud.

Su actividad como diputado está bajo mínimos. Aunque intentó poner su experiencia al servicio de la nueva dirección dando algunos consejos en las reuniones del Grupo Socialista, vio que no eran bien recibidos y dio un paso atrás. Sus reflexiones políticas las plasma en su página web www.pepeblanco.es. También ahí se hace patente el abandono de la aridez en sus críticas y su deseo de trascender el rifirrafe. «El momento de la grandeza» o «Uno. Mirar al horizonte» son algunas de las últimas entradas en su blog. Esto último, mirar al horizonte, es lo que se plantea ahora Blanco si sale ileso de su batalla judicial.